Se calcula que, balazo arriba, puñalada abajo, el bueno de Sean Bean ha muerto unas veinticinco veces en la ficción, incluyendo animaciones como Final Fantasy. La primera, en la frente: en su estreno cinematográfico, en 1986, interpretó a Ranuccio, amante del pintor Caravaggio, que lo degüella. De las siguientes, las más famosas son las de Alec Trevelyan en Goldeneye, Boromir en El señor de los anillos y Ned Stark en Juego de tronos.

Sean Bean en Troya: What the Hades is going on? I'm alive! Clic para tuitear

Si quieres disfrutar de las múltiples formas en las que Bean es despachado por directores y guionistas, aquí te dejo el enlace a un vídeo recopilador de sus muertes hasta 2016.

Es decir, el bueno de Sean tiene más vidas que un gato y, sin embargo, no cayó de pie hasta 2004. Aquel año, su agente le consiguió un papel en esa parodia de la Iliada pergeñada por Wolfgang Petersen, Troya. El futuro y descabezado Ned Stark interpretaría a Odiseo, el inmortal personaje de Homero que gozaba del amparo de Atenea: «No sé si cuento con recursos dramáticos suficientes para interpretar a un personaje que no muere —declaró el actor—. Y, ya puestos, podríamos hacer la secuela». Se refería, claro está, a la Odisea. Pero no coló.

Sean Bean, con casco de Drag Queen del Carnaval de Tenerife, sorprendido de no haber muerto en «Troya»: What the Hades is going on?

En cuanto a rigor documental, Troya es un sindiós. Cualquier parecido con los micénicos del Bronce que asediaron Ilión es casualidad. No hay más que comparar a Aquiles Pitt o a Héctor Bana con las reconstrucciones históricas de sus panoplias. Homero, que nos legó sus cantos en el siglo VIII, cuatrocientos años después del famoso asedio, fue, con menos medios, más riguroso que Petersen y sus asesores históricos.

En cuanto a rigor documental, Troya es un sindiós. Bueno, un sinzeus Clic para tuitear

Si aceptamos que Homero vivió al principio de la Época Arcaica (siglo VIII a. C.), bien pudo ver el nacimiento de las formaciones cerradas de hoplitas con linotórax y aspis y con cascos que derivarían en el modelo corintio, de cuya longevidad te hablé en una entrada anterior.

Los guerreros micénicos de la Ilíada (1600-1100 a. C.) no tienen nada que ver con los hoplitas de la Edad del Hierro (s. VIII a. C.)

El inmortal bardo describe en su poema épico formas de lucha que ya no eran contemporáneas de sus cantos. Ahí están, por ejemplo, el uso de carros de guerra, la importancia de los arqueros, los combates singulares, el bronce en lugar del hierro y lo que hoy nos interesa aquí, el casco de Ulises.

Los caudillos y adalides de las huestes micénicas, contingentes al mando de señores de la guerra, eran como orugas dentro de crisálidas de bronce. Gracias a los hallazgos arqueológicos y al aporte de los especialistas en historia militar y de los grupos de reconstrucción histórica, hoy podemos disfrutar de una visión más fiel de los guerreros históricos que lucharon ante los muros de Ilión.

Ilustración 1: Guerreros micénicos y asiáticos de la Edad del Bronce (S. XIV-XIII a. C.). Giuseppe Rava para «Bronze Age Greek Warrior (1600.110 BC)»/Osprey Publishing.

En 1960 fue exhumada en el yacimiento de Dendra, cerca de Micenas, una armadura tubular completa de la Edad del Bronce. Incluye grandes hombreras, gola y barbote. En la actualidad, se expone en el Museo Arqueológico de Nauplia, en el Peloponeso.

Armadura de Dendra (Edad del Bronce).

Claro, dile tú a Brad Pitt que se tiene que poner esas cañerías de gasoducto. Y más después de haberse machacado y de haber sufrido dieta para lucir músculo en pantalla. Mejor todavía: si tienes valor, ve y cuéntale a sus fans que lo vas a tapar de un modo tan grosero. Pues acabarás como Héctor, atado a algún parachoques y arrastrado por el asfalto.

Homero describe un casco de colmillos en el Canto X de la Ilíada

Más arriba he mencionado el casco de Odiseo como parte de la panoplia específica de las bandas guerreras de la Edad del Bronce. Homero lo describe en el Canto X de la Ilíada:

Meriones a Odiseo […] a ambos lados de la cabeza le puso el yelmo de piel de buey, 
que […] rodeaban por fuera blancos dientes de jabalí de brillantes colmillos, 
apiñados por aquí y por allá, dispuestos con habilidad y destreza.
Casco de colmillos expuesto en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

Con la mencionada armadura de Dendra, apareció también un puñado de colmillos de jabalí. Formaban parte del casco del guerrero que la portó. Lógicamente, la calota de cuero y fieltro a la que estaban prendidos se pudrió con el paso de los milenios. Pero los arqueólogos pudieron reconstruir la pintoresca defensa gracias a Homero y las pinturas y esculturas de la época micénica.

Dado que las élites aqueas eran también cazadoras, la profusión de colmillos indicaba la valentía del poseedor del casco. Se estima que hacía falta matar una treintena de cerdos salvajes para completar una pieza.

El casco de colmillos de jabalí estuvo muy en boga entre la infantería pesada micénica desde el siglo XVI a. C. y fue ampliamente representado en sus manifestaciones artísticas, tanto pictóricas como escultóricas.

Vemos tres ejemplares en un mural de Santorini, la antigua Théra, perteneciente al período de la Creta micénica. Giuseppe Rava se debió de inspirar en él para la Ilustración 2. En ella, guerreros micénicos arriban a la urbe de Akrotiri con prisioneros libios; su futuro será, sin duda, la esclavitud. Al fondo, humea el amenazador volcán Santorini.

Ilustración 2: Giuseppe Rava para Osprey Publishing.

Homero y sus personajes inmortales, con permiso de las musas, han inspirado mi última obra: ¿Nos hacemos unos griegos? (LGTBI en el Olimpo y su vecindario). Puedes conocerla en este enlace:

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