Estas líneas van de uno de los mayores best-seller de la Historia: la Biblia. Y de su autor, que tuvo, como cualquier superventas poco escrupuloso, sus correspondientes negros: los evangelistas. Por muy descreído que uno sea, cualquier catálogo mitológico, y eso incluye los Testamentos, es una fuente inexcusable de inspiración artística.

Vale que Cervantes sea Dios, pero feminista no me parece. Clic para tuitear