Peripecias

Una roussoniana recomienda en Twitter que ante el atentado islamista de Barcelona leamos Las cruzadas vistas por los árabes. Y un cruzado le responde que a ver si puede parar la furgoneta de un terrorista tirándole el libro de Amin Maalouf.

A ella la califico de «roussoniana» porque me atrevo a decir que padece ese neocolonialismo empático que conduce a la apología urbanita del buen salvaje. Aunque sea un salvaje barbudo y circundidado cargado con una mochila-bomba. A él lo tildo de «cruzado» porque quizá piense, aunque no lo tuitee, que «el único salvaje bueno es el salvaje muerto». Y califico el atentado de «islamista» porque Islam significa «sumisión» y la Yihad es su látigo.

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Comanchería es al cine presente lo que el cerdo a la gastronomía. El gorrino tiene sabrosos hasta los andares y la película de David Mackenzie tiene bonito hasta el título en español. La acabo de ver y aún no he podido cerrar la boca. Por otro lado, ya se ve que no padezco la fiebre de los estrenos.

Su guión es pura fibra. Ni grasa ni anabolizantes. Eso sí, entre el músculo firme y crudo, el director escocés entrevera vetas de humor que saben a risa, no a sonrisa. Llega un momento en que los dos rangers coprotagonistas se lanzan pullas como si fueran Abott y Costello, y sin que la película se resienta una pizca. ¿Que son chistes de mal gusto, incluso racistas? Bueno, será deformación profesional: he trabajado en tantos equipos de televisión y he visto volar tantas hachas y cuchillos que igual tengo el umbral del humor muy alto.

Bueno, la verdad es que Mayonesa sí fue canción del verano allá por el cambio de milenio. Y el año pasado casi lo vuelve a conseguir. Una compañía de telefonía móvil le metió semejante gusano auditivo en la cabeza a un pobre ejecutivo.  ¡Vaya condena! Bueno, siendo ejecutivo, algo habría hecho…

Pero yo he venido a hablar de la mayonesa original, que en un tiempo fue estrella informativa estival. Por la salmonelosis. Hasta que la huevina llegó al rescate, se mantuvo siempre en el Top 10 de la lista de accidentes veraniegos.

¿Qué sería de los nacionalismos sin sus banderas gastronómicas?

Dicho esto, vamos al asunto. Si los nacionalismos nacen en algún lugar entre el diafragma y las rodillas, bien se puede entender que el estómago tenga parte muy importante en ellos. Veamos: ensaladilla rusa, tortilla francesa, pabellón criollo, arroz a la cubana

¿Qué ingredientes son indispensables para una buena ensalada mental? (es lo mismo que una empanada, pero más fácil de digerir). Primero, una fundación, hospital o universidad de no se sabe bien dónde. Segundo, un informe muy sesudo que nadie conoce de primera mano, pero algo han dicho en Facebook. Y, para remate, una autoría camuflada tras un departamento docente o un equipo de «expertos». Tales «evidencias» nos bastan para jurar que todo lo que sabíamos sobre nuestra salud estaba equivocado o, ¡peor aún!, demodé… Pues, con esos ingredientes, a la Operación Bikini le ha salido competencia.

No hace ni dos meses que llegaron estos polluelos. Allá por el 18 de mayo eran dos tiernas bolitas de peluche, eso sí, con sus narizotas de payasetes y sus zapatones membranosos. Cómo si a estos cisnes en miniatura les hiciera falta ser todavía más graciosos para caernos aun mejor….

© José Juan Picos

Hace solamente dos meses, pero hay que ver cómo han crecido los condenaos

«Porque el Brexit no es de hoy» es el lema de mi último libro, Brexit con puñetas (Ingleses por España en tiempos de Maricastaña). Quizá el antepasado más obvio del divorcio actual entre la isla y el continente sea el cisma anglicano de Enrique VIII, formalizado en 1534. Pero trece siglos antes, en la segunda mitad del III, la provincia romana de Britania, conquistada bajo Claudio en el 44, vivió separada de su entidad supranacional. Los británicos ya conjugaban el verbo To BrexitBrexitus, brexita, brexitum, dicho sea muy macarrónicamente. Ocurrió así…

Legionarios aventureros y mafiosos impulsaron los Brexitus Clic para tuitear

Estas líneas y las que siguen van del mayor best-seller de la Historia, al menos de la occidental: la Biblia. Y de su autor, presuntamente Dios, quien tuvo, como cualquier superventas poco escrupuloso, sus correspondientes negros: los evangelistas. Por muy descreído que uno sea, me parece obvio que cualquier catálogo mitológico, y eso incluye a la Biblia, es una fuente inexcusable de inspiración artística.

Convengo en que Cervantes es Dios, pero feminista no