Peripecias

Estamos asustados. Salvo nosotros mismos, no quedan depredadores que nos amenacen. Con una excepción: esos bichitos que no vemos venir y que se nos cuelan por los poros. En este siglo XXI aún tierno, nos espantan los del coronavirus. Y no es un miedo nuevo, sino compartido con el pasado.

Un repaso al terror supersticioso de nuestros antepasados nos devuelve una pizca de sensatez en estos tiempos de COVID. Clic para tuitear

Midas, rey de Frigia y devoto de Dioniso, rescató a Sileno de un coma etílico y lo devolvió al tíaso. Baco le quedó muy agradecido por el respeto hacia su mentor. En consecuencia, e igual que el genio de la lámpara de Aladino, el dios le dijo al rey que podía pedirle un deseo. Y, lo que es mejor, que le sería concedido…

Como decía mi primer jefe, el sagaz Emiliano Aláiz, los periodistas tenemos que comer mucho langostino para llevar garbanzos a casa. Clic para tuitear

¡Ah, no!, que la otra vez no fueron cascos romanos, sino griegos. Pues empezamos bien… ¡Y seguimos peor!, porque voy a llevarle la contraria a Obélix: «¡Estos romanos están locos!». Pues no, y lo digo así, a pecho descubierto, sin poción de Panoramix ni nada. ¿Quién dijo miedo? Porque los romanos, en todo caso, eran como el del chiste: «Locos, sí, pero tontos, no».

Si algo caracteriza a las legiones, es la adaptación de la panoplia de sus enemigos. Esta vez nos fijaremos en el casco. Clic para tuitear

«Hablamos con nuestro colaborador José Juan Picos para conocer mejor al creador de la sección Turistas con Puñetas. Conversamos con el autor de estas semblanzas de viajeros históricos sobre su trayectoria profesional y para que nos hable de su último libro, el entretenido ensayo Brexit con puñetas. Ingleses por España en tiempos de Maricastaña».

Los primeros turistas ingleses cayeron sobre España como caminantes blancos. ¡Pobre Carlos III! Clic para tuitear

El Cáucaso fue el escenario de un episodio esencial de la mitología griega, el castigo de Prometeo tras entregar el fuego divino a los mortales. No siempre se cuenta que, además, les enseñó a jugar al trile con los bocados más sabrosos de los sacrificios a los dioses. Poca broma con eso.

Zeus castigó a Prometeo por ladrón olímpico y trilero titánico Clic para tuitear

Antes de la Gran Reclusión, los bares eran nuestra segunda casa, una afirmación que se queda corta. Porque hubo un tiempo en que tuvimos tres: la vivienda habitual, el bar y nuestro colegio electoral. Llegué a perder la cuenta de los domingos de votación que nos cayeron encima. 

«De todas las criaturas con vida e inteligencia, las mujeres somos las más infortunadas», se lamenta Medea. Clic para tuitear

¿De dónde viene la manoseada palabra «sibarita»? Pues viene de Síbaris, una de las ciudades más importantes de la Magna Grecia. Así llamaron los romanos a una reunión de colonias griegas en el sur de Italia y en Sicilia que ya eran prósperas cuando Rómulo mandaba sobre una partida de forajidos.

Los sibaritas, de tan quisquillosos, llegaron a prohibir el yunque de los crucigramas Clic para tuitear

Hesíodo, el genealogista de los dioses, crea el mito de las edades en sus Trabajos y días. De mejor a peor, son cinco: de Oro, de Plata y de Bronce, la Heroica y la Edad de Hierro. La última es la de Hesíodo. El poeta lamenta no haber nacido antes o después. 

Los pirómanos de Barcelona son los niños de mamá de la Edad de Plata de Hesíodo. Clic para tuitear

Carmen Molist es una librera querida y respetada entre los lectores de La Coruña. Tiene un lema: «Es un buen libro aquel que se abre con expectación y se cierra con provecho». Supongo que la lectura de mi novela picaresca El viento de mis velas (Peripecias de un empedernido bebedor de café) le fue provechosa. Porque esto opinó de ella en su blog Los libros de Molist el 23 de octubre de 2013: 

«Interesante, amena, bonita, fiel a la historia y muy bien escrita» Clic para tuitear

Va para siete años de la publicación de mi primera novela en papel. Los hará en diciembre. Hoy sobrevive, y con buenas críticas, en formato electrónico en Amazon: El viento de mis velas. Peripecias de un empedernido bebedor de café. Un año después de su presentación, el 8 de diciembre de 2014, la bloguera literaria Thelma García le hizo la siguiente reseña en su bitácora. La reproduzco literalmente a continuación.

«Amo el café porque me mantiene despierto y se lo orino a la Muerte en la cara», Yago Valtrueno Clic para tuitear