Peripecias

Roma fue la venganza de Troya. De las cenizas de Ilión nació, como un pichoncillo con garras de halcón de las pajareras de Venus, el Imperio. Así lo establece Virgilio en la Eneida, un magno ejemplo de propaganda. Según la lógica de los mitos, cuando la República conquistó Grecia en el 146 a. C., Roma no conquistaba a los helenos, sino que Troya se desquitaba.

¿Qué tiene que ver un héroe de Roma con los #cayetanos? Aquí te lo cuento... Clic para tuitear

¿Qué pretendía Virgilio con su poema épico sobre Eneas? Uno, adular a Octavio Augusto. Dos, contribuir, por vía divina, a la legitimidad del primer emperador. Y tres, regalarle a Roma nuevas raíces mitológicas. Virgilio tuvo éxito en vida, azar que los dioses no regalan a todos los artistas. En una de sus pocas apariciones en público, un teatro entero se puso en pie para ovacionarlo. Era un honor reservado a Octavio. Cuando murió, empezaron las peregrinaciones a Nápoles para visitar su tumba. Antes de eso, cuando le quedaban dos boqueadas, le pidió al emperador que destruyera la Eneida. No se sabe si arrepentido de las alas que le dio a Octavio o por vergüenza literaria. Pero el César no le hizo caso, que es lo que hacen, y muy bien, los césares de todo pelaje.

Se cumplen diez años de mi confinamiento particular. Cerré una carrera profesional de un cuarto de siglo para dedicarme a escribir. Me salían las cuentas y me sobraba entusiasmo e ingenuidad a pesar de las primeras canas y la presbicia. Así que llevo una década teletrabajando para una utopía; si hubiera elegido ser astronauta, ya estaría cobrando quinquenios.

En ese tiempo he ido cavando, muy a gusto, una madriguera. Así que cuando me aventuro en estos días coronavíricos a hacer la compra pienso en el marinero Marlow. La panadería de Alcampo, allá al fondo de la nave, se me hace la fuente del río Congo. Hasta juraría que he visto la cara de Kurtz en una hogaza.

El caso es que, a lo tonto y COVID-19 mediante, estoy a punto de acabar una novela distópica. ¿Oportunismo? No, la pandemia no ha sido la musa: llevo cuatro años metido en ella. Por lo menos. Nunca me había costado tanto rematar una novela, y esta es la cuarta. Así que aprovecho la enésima dilación para recapitular.

Medio en broma, medio en serio, es una guía para que no se descuelguen cuadros a tontas y a locas. Clic para tuitear

Estamos asustados. Salvo nosotros mismos, no quedan depredadores que nos amenacen. Con una excepción: esos bichitos que no vemos venir y que se nos cuelan por los poros. En este siglo XXI aún tierno, nos espantan los del coronavirus.

Como estoy en casa para evitar el contagio, tengo tiempo para pensar. Y me he puesto a imaginar el pavor irracional que padecerían nuestros antepasados cuando les caía encima una peste. ¿Te los imaginas encerrados entre sus cuatro paredes de piedra desnuda o adobe sin agua corriente ni jabón ni electricidad ni gas?… ¡¡¡¿Y sin teléfono ni televisión?!!! ¿Sin más entretenimiento que rezar a sus dioses y cavilar y cavilar en cuándo les tocaría la china a ellos?

Un repaso a la Historia y al terror supersticioso de nuestros antepasados nos puede devolver una pizca de calma y sensatez Clic para tuitear

A aquella gente aterrorizada que sobrevivió a pesar de todo, le quiero dedicar esta entrada. Y también a ti, para que recuperes la perspectiva y la proporción. Para que entiendas que nuestros sacrificios para no propagar el virus, muy necesarios, están muy lejos de lo que ellos padecieron. Empezaremos con algunas plagas mitológicas. Eso me ayudará a recordarte que todo está en los mitos, como ya te conté en esta entrada. Luego repasaremos las peores de la Antigüedad mediterránea.

Midas, rey de Frigia y devoto de Dioniso, rescató a Sileno de un coma etílico y lo devolvió al tíaso. Baco le quedó muy agradecido por el respeto hacia su mentor. En consecuencia, e igual que el genio de la lámpara de Aladino, el dios le dijo al rey que podía pedirle un deseo. Y, lo que es mejor, que le sería concedido…

Como decía mi primer jefe de verdad, el sagaz Emiliano Aláiz, los periodistas tenemos que comer mucho langostino para llevar garbanzos a casa. Clic para tuitear

América española

Turistas con puñetas es una sección dedicada a los viajeros europeos que vinieron a España en el siglo XVIII. Ellos fueron, con toda propiedad, nuestros primeros turistas. Para ser más exactos, touristes, pues muchos de ellos se habían embarcado en su Grand Tour. Pero, sobre todo, va dedicada a sus opiniones, que reflejaron y publicaron en lo que podríamos considerar guías de viajes pioneras.  ¿Y por qué ese título, por qué Turistas con puñetas?

La Leyenda Negra sobre la América hispana es como una reina de Instagram: no pasan los años por ella y se adapta a cada época. Clic para tuitear

Cascos de Roma

¡Ah, no!, que la otra vez no fueron cascos romanos, sino griegos. Pues empezamos bien…

Y seguimos peor, porque voy a llevarle la contraria a Obélix: «¡Estos romanos están locos!». Pues no, y lo digo así, a pecho descubierto, sin poción de Panoramix ni nada. ¿Quién dijo miedo? Porque los romanos, en todo caso, eran como el del chiste: «Locos, sí, pero tontos, no».

Si algo caracteriza a las legiones de Roma, es la inteligente adaptación de la panoplia de sus enemigos. Esta vez nos fijaremos en el casco. Clic para tuitear

«Hablamos con nuestro colaborador José Juan Picos para conocer mejor al creador de la sección Turistas con Puñetas. Conversamos con el autor de estas semblanzas de viajeros históricos sobre su trayectoria profesional y nos habla sobre su último libro Brexit con puñetas. Ingleses por España en tiempos de Maricastaña».

Los primeros turistas ingleses cayeron sobre España como caminantes blancos. ¡Pobre Carlos III! Clic para tuitear

¿Nos hacemos unos griegos?

El Cáucaso fue escenario de uno de los episodios esenciales de la mitología griega, el del castigo de Prometeo. Es bien conocido el mito donde el titán entrega el fuego divino a los mortales. No siempre se cuenta que, además, les enseñó a jugar al trile con los bocados más sabrosos de los sacrificios a los dioses. Poca broma con eso. Aparte de néctar y ambrosía, los olímpicos se alimentaba de los vahos de las piezas asadas y cocidas en el culto público.

Zeus castigó a Prometeo por ladrón olímpico y trilero titánico Clic para tuitear

Antes de la Gran Reclusión, teníamos fama en España de que los bares eran nuestra segunda casa. Se quedaban cortos los que decían eso. Porque hubo un tiempo en que tuvimos tres: la vivienda habitual, el bar y nuestro colegio electoral. Llegué a perder la cuenta de los domingos de votación que nos cayeron encima. Aún no sé si en alguno de ellos nos jugamos tanto como las mujeres atenienses de hace un par de milenios. Aquellas desdichadas sufrieron una jornada electoral que cambió radicalmente sus vidas. Espóiler: a peor.

«De todas las criaturas que tienen vida e inteligencia, nosotras, las mujeres, somos las más infortunadas», se lamenta Medea. Clic para tuitear

Aprovecho para recordarte que TURISTAS CON PUÑETAS es una sección de EL VIAJERO ACCIDENTAL, uno de los programas de RADIO VIAJERA con más oyentes en las ondas y más seguidores en las redes.

La sección está dedicada a los viajeros europeos que vinieron a España en el siglo XVIII y a sus opiniones. Casi todos las volcaron en lo que podríamos considerar guías de viajes pioneras. ¿Y por qué «con puñetas»? Pues porque traían enrevesados y volátiles bordados en las bocamangas, desde luego. Pero también porque, al hablar de España, mojaban sus plumas en hispanofobia y, claro, las líneas que mandaban a imprenta le hacían la puñeta a la fama de nuestro país. A veces, con justicia, pero muchas, con desdén y prejuicios.

Los daneses apresaron a cinco mil españoles y Napoleón los mandó a morir a Rusia Clic para tuitear