Peripecias

Hesíodo, el genealogista de los dioses, desarrolla el mito de las edades en sus Trabajos y días. Son cinco, enumeradas de mejor a peor: de Oro, de Plata y de Bronce, el intermedio de la Heroica y, por fin, la Edad de Hierro. La última, la férrea, es la de Hesíodo. El poeta lamenta no haber nacido antes o después. «Nunca durante el día se verán [los hombres] libres de fatigas y miserias ni dejarán de consumirse durante la noche. Y los dioses les procurarán ásperas inquietudes», avisa.

Los que queman contenedores en Barcelona son los niños de mamá de la Edad de Plata de Hesíodo. Todo está en los mitos. Clic para tuitear

El 23 de octubre de 2013, la librera coruñesa Carmen Molist, querida y respetada entre los lectores de la ciudad, expresó esta opinión en su blog Los libros de Molist sobre mi novela picaresca El viento de mis velas (Peripecias de un empedernido bebedor de café). En aquel momento, era fácil encontrar los ejemplares en papel en las librerías gallegas. Hoy está a disposición de los interesados en Amazon.

Este es el lema de Carmen: «Es un buen libro aquel que se abre con expectación y se cierra con provecho». Parece que, al dedicarle las líneas que siguen, mi novela le fue de provecho. Primero recoge una información publicada en El Ideal Gallego el 12 de diciembre de 2012 y luego expresa su opinión.

«Interesante, ameno, bonito, fiel a la historia y muy bien escrito» Clic para tuitear

Va para siete años de la publicación de mi primera novela en papel. Los hará en diciembre. Hoy, sobrevive, con buenas críticas, en formato electrónico en Amazon: El viento de mis velas. Peripecias de un empedernido bebedor de café. Un año después de su presentación, el 8 de diciembre de 2014, la bloguera literaria Thelma García, le hizo la siguiente reseña en su bitácora .

«Amo el café porque me mantiene despierto y se lo orino a la Muerte en la cara», Yago Valtrueno Clic para tuitear

Dados su valor, propiedades y antigüedad, el azafrán no podía faltar en los valiosos, perfumados y sensuales mitos de los antiguos griegos. En una entrada anterior, cuyo enlace te dejo aquí, supimos por qué Carlos Linneo bautizó a tan exquisita especia como Crocus sativus. Pero aquel romance homosexual entre un dios y un efebo tiene su versión heterosexual. Eliminamos de la leyenda azafranera al astuto Hermes, añadimos a la ninfa Esmílace, mantenemos al hermoso Croco y listo.

Eso sí, el final del desdichado mozo es el mismo. Y sí, calificarlo de «desdichado» es una forma de destripar la historia. Pero no te preocupes, también vamos a dejar a las ninfas como lo que eran, unas mosquitas muertas. Y eso no te lo esperabas…

Las ninfas eran más peligrosas que una sopa de anzuelos. Pregúntale a la flor del azafrán... Clic para tuitear

Con mayor o menor intensidad epifánica, el mito se manifiesta en nuestras rutinas como el rescoldo de lo sagrado bajo la ceniza de los días. Hoy hablaré, para empezar, de las apariciones cotidianas del caprichoso Baco. Pero también traeré a Procusto, a la sibila y a Medea.

Dioniso está muy lejos de ser el dios borracho y libidinoso del tópico; el hijo de Sémele muere y renace con dolor y baja a los infiernos en busca de su madre. Menuda veta para el psicoanálisis. Solo quienes disfrutan en la mitad de su vida (y más allá) de los placeres de fermentados y destilados conocen la agonía, ya no solo física, de una resaca. Y ahí está Baco en su integridad como dios de la embriaguez y de su reverso.

Esta semana, una bacante ha paseado la cabeza de un hombre por un plató Clic para tuitear

La culpa de que el padre de Odiseo, que no fue Laertes, sino Homero, aparezca en esta entrada en condición de barista y no de aedo no es mía. La culpa es de Álvaro Cunqueiro. «¡Anda y vete a pellizcar mármoles!», podrá soltarme algún lector escandalizado. Y yo le responderé que me envía a tan extenuante tarea sin razón. Porque si alguien tendría que ir a pellizcarlos no soy yo, sino Cunqueiro (¡que las Musas lo tengan en su mullido seno!). Y voy a demostrarlo…

¿Que Homero menciona el café en la Odisea? ¡Pero qué barbaridad! Clic para tuitear

Se calcula que, balazo arriba, puñalada abajo, el bueno de Sean Bean ha muerto unas veinticinco veces en la ficción, incluyendo animaciones como Final Fantasy. La primera, en la frente: en su estreno cinematográfico, en 1986, interpretó a Ranuccio, amante del pintor Caravaggio, que lo degüella. De las siguientes, las más famosas son las de Alec Trevelyan en Goldeneye, Boromir en El señor de los anillos y Ned Stark en Juego de tronos.

Sean Bean en Troya: What the Hades is going on? I'm alive! Clic para tuitear

Va para dos años que la pizza napolitana recibió la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Con tres milenios de historia encima, ya iba siendo hora. ¿Que te parece exagerado lo de los «tres milenios»? Bueno, vamos a verlo…

De las cenizas de Ilión nació, como un ave fénix de las pajareras de Venus, el Imperio Romano. Así lo creía Virgilio; bueno, creerlo, lo que se dice creerlo, igual no lo creía. Al fin y al cabo, era un adulto culto e inteligente, aunque una cosa no vaya siempre con las otras.

¿Fueron refugiados troyanos los que llevaron la pizza a Italia? Clic para tuitear

Nada menos que tres kilos de bronce cargaba sobre los hombros la peor jaqueca de Zeus. Y como si nada. A la diosa que nació del cráneo abierto de su padre no le quedaba otra que tener buena cabeza, claro. Buena por fuera, porque era de una belleza majestuosa, aunque severa. Y, desde luego, magnífica por dentro. No en vano era la diosa de la inteligencia, representada, como ya te conté en dos entradas anteriores, por el mochuelo de ojos despiertos.

Por eso Brad Pitt no luce un auténtico casco corintio en Troya, porque no le veríamos su cara bonita. Clic para tuitear

Madame D’Aulnoy  (1651 -1705) fue una cuentista francesa: Cuentos de hadas y Nuevos cuentos de hadas a la moda. Pero escribió una fantasía insuperable: Recuerdos de la Corte de España, que bien pudo inventar sin pisar la Península. Hace tiempo hablé de ella en un blog que yo tenía y hubo quien pensó que también les estaba contando una fábula. Muchas gracias, para un escritor es todo un halago. También la menciono en mi ensayo Brexit con puñetas (Ingleses por España en tiempos de Maricastaña). El caso es que los cuentos de esta madama nos llevarán hasta detalles insospechados en Las meninasLas hilanderas.

¿Qué menina de Velázquez era la camella de la infanta? Clic para tuitear