Se cumplen diez años de mi confinamiento particular. Cerré una carrera profesional de un cuarto de siglo para dedicarme a escribir. Me salían las cuentas y me sobraba entusiasmo e ingenuidad a pesar de las primeras canas y la presbicia. Así que llevo una década teletrabajando para una utopía; si hubiera elegido ser astronauta, ya estaría cobrando quinquenios.

En ese tiempo he ido cavando, muy a gusto, una madriguera. Así que cuando me aventuro en estos días coronavíricos a hacer la compra pienso en el marinero Marlow. La panadería de Alcampo, allá al fondo de la nave, es, para mí, la fuente del río Congo. Hasta juraría que he visto la cara de Kurtz en una hogaza.

El caso es que, a lo tonto y COVID-19 mediante, estoy a punto de acabar una novela distópica. ¿Oportunismo? No, la pandemia no ha sido la musa: llevo cuatro años metido en ella; por lo menos. Nunca me había costado tanto rematar una novela, y esta es la cuarta. Así que aprovecho la enésima dilación para recapitular.

Medio en broma, medio en serio, es una guía para que no se descuelguen cuadros a tontas y a locas. Clic para tuitear

En diez años, he registrado cuatro novelas y cinco ensayos. De las primeras he sacado un montón de buenas palabras, informes favorables, dos agentes, un precontrato, más palabras y unas palmaditas, un mecenas y una edición en papel. De los segundos, un volumen y tres libros electrónicos. Cuando empecé, ya me explicaron lo inoportuno que era: «Pero, hombre, ¿a quién se le ocurre buscarse un hueco en el mundo editorial en plena crisis?». Y ahora que estoy a punto de rematar mi último manuscrito llegan la hecatombe sanitaria y  el armagedón económico globales. En fin.

A principios de 2019, la editorial Cazador de Ratas publicó mi última obra, el ensayo titulado ¿Nos hacemos unos griegos (LGTBI en el Olimpo y su vecindario). La idea de este repaso a los personajes «de género» de la mitología griega me la dio un ruborizante episodio protagonizado por activistas de la ideología de género.

En enero de 2018, la Art Gallery de Manchester retiró una pintura con siete ninfas desnudas: Hilas y las ninfas, de John William Waterhouse. La intención era promover un debate sobre la cosificación de la mujer en el arte. Sin embargo, el cuadro representa el instante previo a la violación de un menor homosexual por parte del septeto de hembras silvestres. Por entonces, el episodio mereció una entrada en mi blog que me resultó inspiradora.

La tarea de promoción fue ardua y, en su mayor parte, solitaria. La línea de la editorial era feminista y volcada, sobre todo, en autoras noveles. Pero mi obra, más que enarbolar banderas ideológicas, era, medio en broma, una guía para conservadores de museos mitológicamente desnortados. Y, desde luego, otra muestra de la devoción que siento por los antiguos dioses mediterráneos. Y yo no discrimino, adoro tanto a los de Grecia como a los del Creciente Fértil.

Contraportada del ensayo

Como escritor, creo que casi todo lo que nos ronda la cabeza está en los mitos fundamentales de nuestra civilización, como el perejil en las recetas de Arguiñano. Cuando alguien me dice que la mitología no está en la base de Occidente, sino la filosofía, recuerdo que, en el fondo, esta nació contra los dioses y a favor del hombre. En cierto modo, Prometeo, el ladrón del fuego, fue el primer filósofo.

Cuatro meses después del estreno, el viernes 10 de mayo, a las siete de la tarde, tuve mi presentación. Fue en FNAC Coruña y me acompañó José Luis Castro de Paz. Además de catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela, cinéfilo de postín, ensayista prolífico y presidente de la Fundación Wenceslao Fernández Flórez, es un amigo. Buen día y buena hora: de la puesta de largo a las tascas con el libro en la mano. Vete a saber cuántos recogieron los camareros.

¿Nos hacemos uno griegos?  se mantuvo bastantes semanas en los lineales de la franquicia. Y, por lo general, bastante bien acompañado. Con cierta y ansiosa regularidad, me daba un paseo para comprobar si la columna de ejemplares menguaba. Y vaya si lo hacía. Además, fue mejorando de posición hasta asomarse al pasillo central.

«¿Nos hacemos unos griegos? (LGTBI en el Olimpo y su vecindario)» en FNAC Coruña.
«¿Nos hacemos unos griegos?» en Espacio Lector Nobel.

Un mes antes de la presentación, estuvimos en la Cadena SER. Merecimos el interés de Celia Blanco, directora y presentadora del programa de sexo Contigo dentro. Un interés de un cuarto de hora en un programa líder en su franja y con muy buena recepción:  https://play.cadenaser.com/audio/001RD010000005500918

Tres días después de la presentación en Fnac, fui invitado a contar en Radio Exterior de España de qué iba mi ensayo. Luis Manuel Fernández, otro buen amigo, me entrevistó en su programa Punto de enlace. Y echamos un buen rato a partir del minuto veintiocho de emisión: https://mediavod-lvlt.rtve.es/resources/TE_SPENLAC/mp3/4/8/1558085069984.mp3.

No termina aquí el repaso a las entrevistas radiofónicas durante la promoción de ¿Nos hacemos unos griegos? En el programa El viajero accidental (Radio Viajera) les conté cómo eran de sieteleguas los antiguos dioses y héroes, desde Dioniso a Odiseo: https://radioviajera.com/nos-hacemos-unos-griegos-sexo-y-viajes-en-la-mitologia_-por-jose-juan-picos/

Juan Pablo Guerrero, editor de los informativos de fin de semana de Onda Cero.

Y, por fin, el domingo 7 de septiembre, Juan Diego Guerrero y Paco Paniagua nos dedicaron un flash en los informativos de fin de semana de Onda Cero. Lo puedes escuchar a partir del minuto 55 con 20 segundos:

 

En Capítulo 1, la revista literaria en la que colaboro, también me hicieron un hueco para hablar de lo lascivos y crueles, es decir, de lo humanos que podían ser los dioses griegos. Al fin y al cabo, nosotros los creamos a ellos y no al contrario: https://capitulo1.escueladeformaciondeescritores.es/nos-hacemos-unos-griegos-entrevista-con-jose-juan-picos

Y ya que hemos entrado en Twitter, veamos algunas de las opiniones que me regalaron los lectores y, sobre todo, las lectoras del ensayo:

Si no me hubieran hecho un hueco en una revista como Shangay habría sentido un pellizco de frustración. Menos mal que me dedicaron esta reseña:

Y finalizo esta recopilación mediática sobre mi última obra con el párrafo que le da fin. Esas líneas resumen la intención con que fue escrita y que los tuits anteriores ilustran muy bien:

Este libro que Hestia remata en paz lo abrimos con un Evohé!, «¡Ve y disfruta!», y de la misma forma lo vamos a cerrar. Zeus y el resto de dioses, impenitentes pecadores de hýbris, pero tan sometidos como nosotros a la moira Átropos, piensan que nos crearon, cuando no son más que livianos espejismos de nuestra sed de eternidad. Así que recuerda que si ellos disfrutaron de modos y maneras olímpicas, nosotros tenemos más derecho. Porque, al fin y al cabo, son invención nuestra. Y los placeres que gozaron, no lo dudes, se los inspiramos nosotros. Así que Evohé! ¡Goza el instante único que te hará inmortal!

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