En 1802, Lord y Lady Holland acordaron que la delicada salud de su hijo Charles, de seis años, merecía un clima más soleado que el inglés. Dicho y hecho: el 7 de noviembre de aquel año entraron en España por La Junquera. En los veinticuatro meses siguientes recorrieron la costa mediterránea hasta Cádiz. Luego subieron por Sevilla y Córdoba a Madrid y, de allí, a Valladolid y Burgos.

Elizabeth Vasall Fox era hija de un acaudalado plantador jamaicano y fue una mujer de armas tomar, desenvuelta, mundana y culta. Uno de sus muchos amantes fue su segundo esposo, el político liberal Henry Vasall Fox, Lord Holland.

Lady Holland llevó un diario de aquella larga temporada peninsular que no se publicó hasta 1910. Se tituló The Spanish Journal of Elizabeth Lady Holland, y lo editó el conde de Ilchester. Los peores momentos en aquel libro de viajes fueron los dos abortos que sufrió la viajera.

A Lady Holland, nada timorata, le escandalizó que las mujeres españolas fuesen tan descaradas en asuntos eróticos. Y más si había cuernos de por medio.

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Otra consecuencia de aquel viaje por España fue que Lady Holland trasplantase a Gran Bretaña el cultivo de una flor. Al regresar a las islas, plantó las primeras dalias en su jardín londinense. El botánico ilustrado Antonio José Cavanilles, un adelantado del uso racional de los recursos naturales, le había regalado unos esquejes.

Puedes conocer más de aquel viaje de Lady Holland por un país para ella exótico en el siguiente podcast de «Turistas con puñetas», mi sección en El viajero accidental, un programa de Radio Viajera

Y si quieres disfrutar con las peripecias por España de otros turistas puñeteros, ya está disponible Turistas con puñetas: ingleses por España en tiempos de Maricastaña.

 

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