Hesíodo, el genealogista de los dioses, desarrolla el mito de las edades en sus Trabajos y días. Son cinco, enumeradas de mejor a peor: de Oro, de Plata y de Bronce, el intermedio de la Heroica y, por fin, la Edad de Hierro. La última, la férrea, es la de Hesíodo. El poeta lamenta no haber nacido antes o después. «Nunca durante el día se verán [los hombres] libres de fatigas y miserias ni dejarán de consumirse durante la noche. Y los dioses les procurarán ásperas inquietudes», avisa.

Los que queman contenedores en Barcelona son los niños de mamá de la Edad de Plata de Hesíodo. Todo está en los mitos. Clic para tuitear

Barcelona, 15/10/2019.

Pues si no quieres caldo, dos tazas. Porque la Edad de Hierro tendría segunda parte: «Ningún reconocimiento habrá para quien cumpla su palabra ni para el justo ni el honrado, sino que tendrán en más consideración al malhechor y al hombre violento. La justicia estará en la fuerza de las manos y no existirá pudor. El malvado perjudicará al varón virtuoso con retorcidos discursos y además se valdrá del juramento». ¿Estamos leyendo a Hesíodo o la letra del tango Cambalache? Nosotros deberíamos saberlo, vivimos en ella. Y muchos catalanes, la sufren.

Barcelona, 15/10/2019.

Ovidio vivió ocho siglos después de Hesíodo. Pero ya se consideraba coetáneo de esa segunda parte de la Edad de Hierro. Y así se queja en sus Metamorfosis: «En esta época de peor talante irrumpieron desde el principio todo tipo de delitos. Desaparecieron la vergüenza, la sinceridad y la lealtad, y en su lugar surgieron el fraude, el engaño y las insidias, y el insano deseo de poder».

Barcelona, 15/10/2019.

Pero, más que la de Hierro, hoy nos interesa la de Plata. Dice el genealogista divino que la argéntea fue la de los adultos «pueriles, crueles e impíos». Y que no es comparable a la de oro ni en aspecto ni en inteligencia. Los niños se criaban «durante un siglo junto a su solícita madre, pasando la flor de la vida, muy infantil, en su casa». Cuando se hacían mayores, vivían pocos años, «llenos de sufrimientos a causa de su ignorancia».

Las fotos que jóvenes (de cuerpo o espíritu) independentistas catalanes se han hecho esta semana en la ciutat cremada me llevan a insistir… A riesgo de ser más pesado que un centauro en brazos, proclamo: ¡Todo está en los mitos!.

El infantilismo de la Edad de Plata está presente en nuestras pueriles ideologías exprés, propias de panfletos de autoayuda. Buena muestra es la izquierda neolítica: no al nomadismo, no a la caza, no a las vacunas, sí a los talleres libertarios de cerámica y calceta y, desde luego, sí a la diosa madre. Pero también la advertimos en la ausencia de ellas. En 2011, Londres sufrió unos disturbios que comenzaron como protesta por la muerte de un ciudadano negro y continuaron con hordas de jóvenes saqueando tiendas de telefonía móvil y ropa.

La publicidad es cómplice y generadora de la expansión de tanta vacuidad. De hecho, en los anuncios, casi todos los hombres adultos parecen niños buscando a mamá. Pero hay uno que resume esa puerilidad, el del Suzuki Vitara 2019. Una voz infantil nos devuelve a la infancia, eso que un montón de cursis llaman, con palabras de Rilke, «la verdadera patria del hombre».

Dice así: «Tengo treinta y seis años. No tengo idea de cómo ha pasado tan rápido. En dos horas, tengo la reunión más importante de mi vida. Pero, primero, es tiempo de jugar». Tres veces «tengo» (¡mío, mío, mío!) y una vez «jugar». Cosas de críos. Si el juego es su prioridad, ¿cómo piensa pagar el infantilizado conductor barbado los 129 euros mensuales de la letra? Nos quieren niños, como ya expliqué aquí, para usarnos como están usando a los nengs catalanes.

Sufrimos un tiempo de plata, pero de la que cagó la gata, donde los caprichos y las quimeras se confunden con derechos. Una edad en que las criaturas más mimadas se reflejan en los estanques de píxeles como narcisos plañideros y gemebundos. ¿O no son las fotos que ilustran esta entrada un colosal ejemplo de niños consentidos embutidos en cuerpos de adulto? Niños que llevan camino de ser lo que Hesíodo describía como dolientes ignorantes.

Viven en burbujas antialérgicas, no les dé una crisis anafiláctica si se tragan una responsabilidad Clic para tuitear

Un tuitero —@eurostia— recordaba quienes son los jóvenes vándalos de la revolución de las sonrisas. Los mismos que sus padres llevaron a las manifestaciones de 2012 y 2013 con las caritas esteladas. Hoy son la carne de cañón de los supremacistas que gobiernan Cataluña. Repetimos: «pasando la flor de la vida, muy infantil, en su casa» y, de adultos, «llenos de sufrimientos a causa de su ignorancia».

Barcelona, 20/10/2019.

No seré yo quien diga que no tienen la culpa. Son mayorcitos para saber lo que hacen. Pero han mamado la irresponsabilidad de los políticos independentistas: «España nos roba», «el Estado franquista nos oprime», «Puigdemont no huyo como un cobarde, el gobierno fascista de Madrid lo obligó a exiliarse», «los violentos son policías infiltrados»… Con sus caritas de yonofui, ellos, como los críos, se nos muestran como irresponsables.

Críos consentidos que, después de quemar contenedores, tomarse unas birras y lonchearse una mica, ¿a dónde volverán? Pues a casa de mamá, que les tiene hecha la cama y la cenita y les pone Els millors moments de Torra para que se duerman (¿habéis leído Un mundo feliz?). Y, por la mañana, el desayuno de los campeones, que los niños tienen otra jornada de feina.

Barcelona, 15/10/2019.

En el fondo, son víctimas. De quienes los confinan en sus burbujas antialérgicas, no les vaya a dar una crisis anafiláctica si se tragan una responsabilidad. Y de quienes los adiestraron desde cachorros para usarlos como mastines.

Barcelona, 15/10/2019.

A estos vándalos «pueriles, crueles e impíos», que serán adultos «llenos de sufrimientos a causa de su ignorancia», me permito regalarles un lema para que lo añadan a los suyos: «¡Narcisistas al poder, sus papás ya lo están!».

Nota: los fragmentos de Trabajos y días de esta entrada pertenecen a la traducción de A. Pérez Jiménez y A. Martínez Díaz para la Teogonía de Biblioteca Gredos (Madrid, 2015). Las fotos las tomé de dos cuentas de Twitter: @ignaciadepano, @MiguelPuga44 y @TabarniaToday.

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