Foto de cabecera: Emilio Naranjo, fotógrafo de la Agencia EFE.

«La buena leche de un nombre despreciado: #Cayetano» va de mala leche, la que inspira una venganza. Porque Roma fue la venganza fría de Troya. De las cenizas de Ilión nació, como un pichoncillo con garras de halcón de las pajareras de Venus, el Imperio. Así lo establece Virgilio en la Eneida, un magno ejemplo de propaganda. 
¿Qué tiene que ver un héroe de Roma con los #cayetanos? Aquí te lo cuento... Clic para tuitear

Según la lógica de los mitos, cuando la República conquistó Grecia en el 146 a. C., Roma no sometía a los aqueos de hermosas grebas, sino que Troya se desquitaba.

¿De quién era la buena leche de un nombre despreciado?

¿Qué pretendía Virgilio con su poema épico sobre Eneas? Uno, adular a Octavio Augusto. Dos, contribuir, por vía divina, a la legitimidad del primer emperador. Y tres, regalarle a Roma nuevas raíces mitológicas. Virgilio tuvo éxito en vida, azar que los dioses no regalan a todos los artistas. En una de sus pocas apariciones en público, un teatro entero se puso en pie para ovacionarlo. Era un honor reservado a Octavio. Cuando murió, empezaron las peregrinaciones a Nápoles para visitar su tumba. Antes de eso, cuando le quedaban dos boqueadas, le pidió al emperador que destruyera la Eneida. No se sabe si arrepentido de las alas que le dio a Octavio o por vergüenza literaria. Pero el César no le hizo caso, que es lo que hacen, y muy bien, los césares de todo pelaje.

Lo que la Eneida cuenta es que el troyano Eneas era un semidiós. Con todo rigor, pues fue hijo de la pasión de la olímpica Venus por el mortal Anquises. El héroe escapó de la destrucción de Troya con su padre a cuestas y su hijo, Ascanio, de la mano. Cuando llegaron a Italia, Ascanio cambio de nombre: Iulo.

Julio César venía de la buena leche que Eneas mamó de Cayeta

De su estirpe nacieron Remo y Rómulo, ascendientes semidivinos de la dinastía imperial Julio-Claudia: Octavio, adoptado por Julio César, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón llevaban sangre de Eneas y, ojo, leche de una tal Cayeta.

¿Y dónde encajan aquí los #cayetanos del título que, en estos días de coronavirus, protestan en Madrid? Son los manifestantes de la calle madrileña de Nuñez de Balboa que protestan contra la coalición de gobierno entre socialistas y comunistas de paraninfo. Y por eso, por manifestarse, son ridiculizados en las redes y en los medios afines a Sánchez e Iglesias. ¿Y dónde encaja eso con la mitología? En la nodriza de Eneas, la mortal que, con su leche, alimentó a un semidiós: Caieta, o Cayeta.

«La buena leche de un nombre despreciado: #Cayetano» recupera a un personaje epónimo de la Eneida, Caieta.

Cuando las exiliadas troyanas se quedaron en Sicilia, ella, leal hasta la muerte, acompañó al héroe al Lazio. Allí terminó sus días mortales la buena mujer. El héroe troyano bautizó con su nombre el lugar donde la cremó: Caieta, luego Gaeta. Virgilio la menciona nada más empezar el Libro VII de la Eneida:

Tú también, oh Cayeta, eterna fama

a nuestra playas diste con tu muerte,

oh nodriza de Eneas. Tu recuerdo

vive en el sitio en que tus huesos duermen,

y, marcando aquel sitio —si eso es gloria—,

un nombre tienen en la magna Hesperia.

Griegos y romanos llamaban Hesperia al punto geográfico por donde atardece, es decir, al oeste. Allí localizaban el jardín de las Hespérides y el tardío paraíso griego de la Isla de los Bienaventurados. Los griegos llamaban Hesperia a Italia y los romanos, a Hispania.

Cayeta fue ejemplo de lealtad y Eneas la honró por ello

Celebrado el ritual de honores fúnebres de Cayeta y alzado el monumento, los exiliados troyanos parten. En ese punto, también la recuerda Ovidio. Y le dedica estas líneas en el libro XIV de sus Metamorfosis:

Sepultada en una urna de mármol, ya tenía un breve epitafio sobre su tumba: «Aquí mi pupilo, de conocida bondad, me incineró a mí, Cayetana, con el fuego debido, tras salvarme del fuego de los argivos [aqueos, griegos]»

La ama de cría troyana es, por tanto, un personaje epónimo, es decir, que da su nombre a un lugar. El propio Virgilio lo establece al final del Libro VI:

En derechura vuelve a la flota Eneas y los suyos;

Singla rumbo a Cayeta por la costa,

y, anclas a proa en el tranquilo puerto,

las popas se alinean en la orilla.

Además de lugares, los epónimos bautizan conceptos y objetos. Fueron epónimos el propio Octavio Augusto, que dio nombre al mes de agosto; Palas Atenea, que bautizó a la capital griega; la princesa fenicia Europa; Al-Juarismi, padre del algoritmo; Américo Vespucio, por lo obvio; Felipe II, por las Filipinas, o Jean Nicot, por las estimulante y adictiva sustancia. En este enlace puedes disfrutar de una extensa relación de estos adjetivos.

Gaeta, a dos horas de Roma, ya era destino turístico en tiempos del Imperio. En ella nacieron, entre otros, el explorador Juan Caboto, o John Cabot, y el teórico marxista Antonio Gramsci. Pero también Lucio Munacio Planco, un superviviente chaquetero, cobarde y traidor de los estertores de la República. El gentilicio de los que nacen allí es, justamente, cayetano. Y de ahí, el nombre propio.

Otra Cayetana se ha convertido en martillo de diputados y jaqueca de los suyos

Por cierto, la relación entre Cayetana, Gaeta, Eneas y el origen de la pizza te la cuento en esta entrada: «¿Tarda la pizza? Es que viene de Troya». Siempre lo digo, los mitos son piezas del inmenso rompecabezas de la Humanidad que flotan en el infinito y que, de repente, encajan. Por cierto, no leas esa entrada con hambre, quien avisa…

El Lazio en la bota itálica y Gaeta en el Lazio. Fuente: Wikipedia.

Cuando la pandemia sanitaria quede más o menos conjurada, llegará la económica, de la que ya se ven brotes agostados. Esto nos lleva al Santo de la Providencia, patrono del trabajo y abogado de de los demandantes de empleo. Además, es el patrón del pan: san Cayetano. Se le celebra cada 7 de agosto. Cayetano de Thiene vivió en Italia entre 1480 y 1547. Fue un contrarreformista que quiso recuperar la autoridad de la Iglesia de Roma por medio del regreso a la esencia del Cristianismo. Por eso fundó la Orden de los Teatinos, basada en la pobreza, en el decoro y el fervor litúrgicos y en la confianza en la Providencia.

Cayetana Álvarez de Toledo en el Congreso de los Diputados. Foto: Eduardo Parra (Europa Press).

A este santo le pusieron el nombre de su tío, que había fallecido poco antes. ¿Y por qué su tío se llamaba Cayetano, Gaetano en la lengua de Dante? Pues porque nació en Gaeta, el lugar donde Eneas depositó las cenizas de su ama de cría, Cayeta, la primera cayetana, entendido como gentilicio. Como antropónimo, hoy es bien reconocible el de Cayetana Álvarez de Toledo, martillo de diputados y diputadas justitos y justitas, Lilith rediviva, madre de los nefilim para los adanistas de la izquierda, y jaqueca de sus propios compañeros de partido.

Nota: la foto que abre esta entrada es de Emilio Naranjo, fotógrafo de la Agencia EFE.

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