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En su cuento Las campanas, de 1844, Charles Dickens habla así del Año Nuevo:

«Se aguardaba el Año Nuevo como si del príncipe heredero del mundo se tratase, con bienvenidas, presentes y celebraciones. Había también libros y juguetes para el Año Nuevo, brillantes baratijas para el Año Nuevo, vestidos para el Año Nuevo, buenos deseos y propósitos para el Año Nuevo, nuevas invenciones para pasarlo de forma amena […] El Año Nuevo, el Año Nuevo. ¡En todas partes el Año Nuevo! El Año Viejo ya se consideraba muerto, y sus efectos se vendían baratos, como en la cubierta de un barco los de un marinero ahogado. Sus hábitos eran ya los del año pasado y estaban destinados al sacrificio antes incluso de exhalar el último estertor. ¡Sus tesoros eran pura bazofia en comparación con las riquezas de su sucesor, aún por nacer!».

A la reseña de la bloguera literaria Thelma García de la que ya di cuenta aquí se suma la de una bloguera viajera, Cecilia Puppo, colaboradora de la bitácora de El viajero accidental. Esto es lo que asegura que aprendió con la lectura de El viento de mis velas: «He aprendido mucho con las andanzas de este muchacho, y con los dichos y refranes nuevos para mi conocimiento y las enseñanzas plasmadas por este gran novelista, José Juan Picos Freire. Aquí les dejo unas cuantas, las que más me gustaron…

La ambición lleva a la gente a ejecutar los menesteres más viles: por eso, para trepar, toman la misma postura que para arrastrarse Clic para tuitear

El viento de mis velas es una novela que nació de una apuesta. En seis meses de 2012 rematé las peripecias de un pícaro en la Coruña del siglo XVIII. Mi retador, el empresario y nexólogo José Luis Saavedra, la tuvo que publicar, pero aún jura que lo hizo a gusto. Nació histórica, pero acabó picaresca, según el catedrático José Luis Castro de Paz, que le hizo un prólogo que fue un regalo: «una obra capaz de conjugar, con absolutamente inesperada maestría, la ironía posmoderna con el respeto por los clásicos». Y añade: «insólita, reflexiva y melancólica novela de aventuras».

«Por eso amo el café, porque me mantiene despierto y se lo orino a la Muerte en la cara», Yago Valtrueno. Clic para tuitear