Quimeras

Esta semana me han tildado de «indocumentado». ¡Será por carnés! Llevo en el bolso el de identidad, el de conducir y cinco de bibliotecas estatales, diputacionales y municipales. ¿Cómo?, ¿que si uso bolso? ¡Pues claro! Ni mochila ni  morral, ni riñonera ni mariconera: b-o-l-s-o. ¿Dónde, si no, iba a meter tanto carné, la cartera, el monedero surfero, las gafas de presbicia, el bloc de notas, el móvil, el plumier, un par de libros y lo que se tercie? Uno madura cuando, por fin, pone la comodidad y el pragmatismo por delante de los prejuicios.

¿Cuánto hay de Farenheit 451 en la retirada del cuadro de Hylas?

Esta semana han coincidido un par de hechos sin aparente relación. El cuento de la criada ha recibido cinco Emmys y los protestantes celebran el medio milenio de la Reforma, el cisma de Lutero con la Biblia como estandarte. Claro, digo «aparente» porque sí la tienen, a mi modo de ver. Y, a su vez, ambos hechos se relacionan con una entrada anterior de este blog: Palabra de Dios: a vueltas con la Biblia. Decía en ella, y digo, que los escritores descreídos no debemos renunciar al conocimiento de la Biblia. Como todo relato mitológico, es un arsenal de arquetipos y situaciones que nos ayudan a explicar y a explicarnos.

Tras los Emmys, todos arriman el ascua a su sardina ideológica

El cuento de la criada, antes que serie, fue novela corta. La escribió la canadiense Margaret Atwood y se publicó en 1985. No he visto la serie, pero he leído la novela. Me sorprendió la idea y me aburrió el desarrollo. Durante estos días han escrito mucho sobre su oportunidad: patriarcado, lesbianismo, fundamentalismo, vientres de alquiler, hipervigilancia, el presidente de color zanahoria y boquita de pitiminí… Cada cual ha llevado el ascua a su sardina ideológica. Y más con cinco Emmys.

«Todo está en los libros» fue un estribillo de mi adolescencia. Era la banda sonora de un programa televisivo sobre literatura. «Televisión literaria»… parece un oxímoron, ¿verdad? Bueno, así fuimos una vez, y aún no sé si para mejor o para peor. La música de aquel bordón era de Luis Eduardo Aute, la letra de Jesús Munárriz y la interpretación de Vainica Doble. Pues aquel sonsonete que nunca he olvidado inspira hoy el título de esta entrada: «Todo está en los mitos».

Cada día de la semana honramos a los viejos dioses

Lo digo porque no creo que el novelista Neil Gaiman tenga razón. Es decir, no creo que los dioses antiguos y sus mitos hayan muerto. Ni siquiera le cabe al británico el honor de la exclusiva. Cuenta Plutarco que, en tiempos de Tiberio, el capitán de un barco griego, Thamus, oyó una voz luctuosa que le decía: «¡El Gran Pan ha muerto!». Y que todos los que supieron de ese anuncio atroz perdieron la alegría de vivir y el lazo con la Naturaleza. Es decir, nos hicimos más humanos…