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Aprovecho para recordarte que TURISTAS CON PUÑETAS es una sección de EL VIAJERO ACCIDENTAL, uno de los programas de RADIO VIAJERA con más oyentes en las ondas y más seguidores en las redes.

La sección está dedicada a los viajeros europeos que vinieron a España en el siglo XVIII y a sus opiniones. Casi todos las volcaron en lo que podríamos considerar guías de viajes pioneras. ¿Y por qué «con puñetas»? Pues porque traían enrevesados y volátiles bordados en las bocamangas, desde luego. Pero también porque, al hablar de España, mojaban sus plumas en hispanofobia y, claro, las líneas que mandaban a imprenta le hacían la puñeta a la fama de nuestro país. A veces, con justicia, pero muchas, con desdén y prejuicios.

Los daneses apresaron a cinco mil españoles y Napoleón los mandó a morir a Rusia Clic para tuitear

¿Por qué viajamos? «Hombre, menuda pregunta», me dirás. Y con más razón que un santo. A ver, razones hay de sobra, pero tengo una muy buena: para contarlo a la vuelta. No solo porque hayamos sobrevivido, que también, sino para dejar testimonio. O dicho de otro modo, para tirarnos el rollo, ¿no? Para que los demás lo aguanten porque bien que se lo hemos aguantado a ellos cuando han vuelto de darse un garbeo por el mundo adelante. Si encima tienes un blog, pues vas y se lo cuentas al mundo entero (o eso te crees tú).

«¡Que me entierren en Málaga!», exclamó Hans Christian Andersen. Clic para tuitear

En 1802, Lord y Lady Holland acordaron que la delicada salud de su hijo Charles, de seis años, merecía un clima más soleado que el inglés. Dicho y hecho: el 7 de noviembre de aquel año entraron en España por La Junquera. En los veinticuatro meses siguientes recorrieron la costa mediterránea hasta Cádiz. Luego subieron por Sevilla y Córdoba a Madrid y, de allí, a Valladolid y Burgos.

Elizabeth Vasall Fox era hija de un acaudalado plantador jamaicano y fue una mujer de armas tomar, desenvuelta, mundana y culta. Uno de sus muchos amantes fue su segundo esposo, el político liberal Henry Vasall Fox, Lord Holland.

Los nobles españoles de tiempos de Carlos III tiraban el palacio por la ventana a la hora de la merienda. Y eso escandalizaba a los viajeros europeos. En Europa estaban a punto de aparecer los primeros restaurantes tal y como hoy los conocemos hoy. La culpa era de las guillotinas: los cocineros de la aristocracia se habían quedado sin trabajo, así que de algo tendrían que vivir. Pero, en la España del siglo XVIII, lo que triunfaban eran las meriendas como Dios mandaba, meriendas-cena-parranda.