Mis libros

Se cumplen diez años de mi confinamiento particular. Cerré una carrera profesional de un cuarto de siglo para dedicarme a escribir. Me salían las cuentas y me sobraba entusiasmo e ingenuidad a pesar de las primeras canas y la presbicia. Así que llevo una década teletrabajando para una utopía; si hubiera elegido ser astronauta, ya estaría cobrando quinquenios.

En ese tiempo he ido cavando, muy a gusto, una madriguera. Así que cuando me aventuro en estos días coronavíricos a hacer la compra pienso en el marinero Marlow. La panadería de Alcampo, allá al fondo de la nave, se me hace la fuente del río Congo. Hasta juraría que he visto la cara de Kurtz en una hogaza.

El caso es que, a lo tonto y COVID-19 mediante, estoy a punto de acabar una novela distópica. ¿Oportunismo? No, la pandemia no ha sido la musa: llevo cuatro años metido en ella. Por lo menos. Nunca me había costado tanto rematar una novela, y esta es la cuarta. Así que aprovecho la enésima dilación para recapitular.

Medio en broma, medio en serio, es una guía para que no se descuelguen cuadros a tontas y a locas. Clic para tuitear

¿Nos hacemos unos griegos?

El Cáucaso fue escenario de uno de los episodios esenciales de la mitología griega, el del castigo de Prometeo. Es bien conocido el mito donde el titán entrega el fuego divino a los mortales. No siempre se cuenta que, además, les enseñó a jugar al trile con los bocados más sabrosos de los sacrificios a los dioses. Poca broma con eso. Aparte de néctar y ambrosía, los olímpicos se alimentaba de los vahos de las piezas asadas y cocidas en el culto público.

Zeus castigó a Prometeo por ladrón olímpico y trilero titánico Clic para tuitear

Carmen Molist es una librera querida y respetada entre los lectores de La Coruña. Tiene un lema: «Es un buen libro aquel que se abre con expectación y se cierra con provecho». Supongo que la lectura de mi novela picaresca El viento de mis velas (Peripecias de un empedernido bebedor de café) le fue provechosa. Porque esto opinó de ella en su blog Los libros de Molist el 23 de octubre de 2013: «Interesante, amena, bonita, fiel a la historia y muy bien escrita». En aquel momento, era fácil encontrar ejemplares en papel en las librerías gallegas. Hoy está a tu disposición en Amazon.

Para echarnos esas flores, Carmen se hizo eco de una información publicada en El Ideal Gallego el 12 de diciembre de 2012. Era una crónica sobre la presentación de la novela, realizada en La Cocina Económica, institución coruñesa a la que donaríamos un euro de cada ejemplar vendido. Con ese pie, nos hizo la siguiente reseña. No hablo en plural mayestático, me refiero a la novela y a mí.

«Interesante, ameno, bonito, fiel a la historia y muy bien escrito» Clic para tuitear

Va para siete años de la publicación de mi primera novela en papel. Los hará en diciembre. Hoy sobrevive, y con buenas críticas, en formato electrónico en Amazon: El viento de mis velas. Peripecias de un empedernido bebedor de café. Un año después de su presentación, el 8 de diciembre de 2014, la bloguera literaria Thelma García le hizo la siguiente reseña en su bitácora. La reproduzco literalmente a continuación.

«Amo el café porque me mantiene despierto y se lo orino a la Muerte en la cara», Yago Valtrueno Clic para tuitear

¿Nos hacemos unos griegos? (LGTBI en el Olimpo y su vecindario), mi última obra, debo agradecérsela a la conservadora de la Art Gallery de Manchester, Clare Cannaway. A principios de 2018, descolgó un cuadro para denunciar la «cosificación» de la mujer en el arte. Se trata de Hilas y las ninfas, una pintura prerrafaelita con siete náyades en top less.

«José Juan Picos se adentra en el mundo de la sexualidad en la mitología griega con un exquisito gusto y un bisturí muy afilado para que nada se nos quede en el tintero». Carmen Moreno, escritora y editora Clic para tuitear

BREXIT CON PUÑETAS (Ingleses por España en tiempos de Maricastaña) es mi último libro. Tan último, que acaba de salir a la venta en Amazon.

El Brexit tuvo un tatarabuelo que llevaba, y soltaba, puñetas... Clic para tuitear

Este ensayo, creo que entretenido, irónico y documentado, nace de mi colaboración semanal en el programa El viajero accidental, de Radio Viajera. Cada siete días, le dedico unos minutos a algún turista europeo del siglo XVIII que hubiera visitado España; con la condición, eso sí, de que luego plasmase sus impresiones en un libro. Por la época, que era de mucho bordado en puños y cuellos, y por sus plumas nada clementes con España, la sección se titula «Turistas con puñetas». La primera de la serie fue la dedicada al autor de Viaje de Fígaro por España, el marqués de Langle, que vio la primera edición de su guía peninsular quemada por el verdugo ante el Parlamento de París. Aquí tienes el pódcast…

Un jefe catalán que tuve me enseñó un refrán: «No mates un conejo para aprovechar un tomate». Estos días me he acordado del proverbio con amargura. Veo a políticos resentidos y cobardes, a contertulios que vienen pagados de casa y a intelectuales a la violeta afanarse en matar el conejo de España para aprovechar el tomate de Cataluña. En vez de articular una nación, se obcecan en descuartizarla. Como espectador de tan fatigosa astracanada, concluyo que «de martes a martes hay mezquinos en todas partes».

Los turistas ingleses cayeron sobre España como caminantes blancos Clic para tuitear