Mis griegos

Una de las leyendas mitológicas que cuento en mi último libro —¿Nos hacemos unos griegos? (LGTBI en el Olimpo y su vecindario)— la protagonizan Apolo y Jacinto. En esa misma entrada cito también la de Hermes y Croco, un cuento mitológico tardío, quizá del período clásico, sino del helenístico. Asocié ambas leyendas, con tintes de fábula con moraleja, porque son muy parecidas. Ambas dan como resultado el nacimiento de una flor. En el caso de Febo y su erómeno, hablamos del martagón o lirio llorón. Pero, hoy, la que nos interesa es la del azafrán, fruto del amor y la tragedia.

El origen del azafrán es un efebo más bonico que las pesetas Clic para tuitear

Reconozco que tiendo a la misantropía. Para que nadie se sienta discriminado, señalaré que ese odio mío, que no me lleva más allá de ser un cascarrabias, incluye la misoginia: «de martes a martes, hay gente odiosa en todas partes». Por eso no tengo mucha actividad (ni éxito) en las redes sociales. Pero días atrás rompí mi aislamiento al publicar una entrada de este blog en un grupo de Facebook, «Grecia clásica y helenística». Dado mi temperamento, me previne: «¿para qué te emberenjenas?, ¿qué necesidad?». Y casi acerté. La cosa fue así…

¿Qué hace un heterosexual hablando de ideología de género?

Hoy, Google celebra 105 años de la primera ascensión al monte Olimpo. Y lo tienes en todos los diarios. Es lo que pasa en verano, que siempre falta material; por eso se conmemora lo primero que a uno se le viene a las uñas. Porque celebrar el centenario vale, pero el centenario y un lustro, ¡ya te vale! De todos modos, hace milenios que otros dos mortales, cada uno por su vía, ascendieron al hogar de los dioses sin cordaje ni piolet. Hablo de Homero y Hesíodo, a quienes las musas pusieron alas.

Imagen primaveral del Monte Olimpo. Getty Images.

Aprovechando la peregrina efeméride, te pregunto: ¿sabes cómo era el Olimpo mitológico? ¿Cómo eran su clima, su orografía y su urbanismo? ¿Ni idea? Pues ya vienen en nuestra ayuda el autor de la Ilíada y la Odisea y el de la Teogonía.

Homero y Hesíodo, sin piolet ni nada, fueron los primeros que escalaron el Olimpo Clic para tuitear

Esta semana me han tildado de «indocumentado». ¡Será por carnés! Llevo en el bolso el de identidad, el de conducir y cinco de bibliotecas estatales, provinciales y municipales. ¿Cómo?, ¿que si uso bolso? ¡Pues claro! Ni mochila ni  morral, ni riñonera ni mariconera: b-o-l-s-o. ¿Dónde, si no, iba a meter tanto carné, la cartera, el monedero surfero, las gafas de presbicia, el bloc de notas, el móvil, el plumier, un par de libros y lo que se tercie? Uno madura cuando, por fin, pone la comodidad por delante de los prejuicios.

Ray Bradbury: «A más mercado», menos pelearse con las minorías Clic para tuitear

Metido en pleno Viernes Negro y desorbitado como búha de parto: así vuelvo a este blog que extrañaba. A veces, no saca uno el tiempo. O las ganas.  El caso es que ando estupefacto porque me acabo de enterar de que hay colegios en España donde se hacen representaciones tontorronas del encuentro entre los peregrinos del Mayflower y los primos de Pocahontas. Y, en cambio, se reniega del 12 de Octubre de 1492. Diría que no somos más tontos porque no nos entrenamos, pero los papás (y las mamás) de esos críos tendrán cuentas de Twitter y grupos de Whatsapp, así que hacen músculo a diario.

Las navidades marcan el entrañable (¡puaj!) cuñadeo

Aparte, acaban de dar el pistoletazo de salida del sindiós navideño, que tiene dos avituallamientos, las cenas de Nochebuena y Nochevieja, y una meta final en cuesta, la de enero. Cuando digo «sindiós», lo hago literalmente: ¿dónde está Dios en esa fiesta de Pluto, infernal patrón de los plutócratas?

«Todo está en los libros» fue un estribillo de mi adolescencia. Era la banda sonora de un programa televisivo sobre literatura. «Televisión literaria»… parece un oxímoron, ¿verdad? Bueno, así fuimos una vez, y aún no sé si para mejor o para peor. La música de aquel bordón era de Luis Eduardo Aute, la letra de Jesús Munárriz y la interpretación de Vainica Doble. Pues aquel sonsonete que nunca he olvidado inspira hoy el título de esta entrada: «Todo está en los mitos».

Cada día de la semana honramos a los viejos dioses

Lo digo porque no creo que el novelista Neil Gaiman tenga razón. Es decir, no creo que los dioses antiguos y sus mitos hayan muerto. Ni siquiera le cabe al británico el honor de la exclusiva. Cuenta Plutarco que, en tiempos de Tiberio, el capitán de un barco griego, Thamus, oyó una voz luctuosa que le decía: «¡El Gran Pan ha muerto!». Y que todos los que supieron de ese anuncio atroz perdieron la alegría de vivir y el lazo con la Naturaleza. Es decir, nos hicimos más humanos…