Mis griegos

Foto de cabecera: Emilio Naranjo, fotógrafo de la Agencia EFE.

«La buena leche de un nombre despreciado: #Cayetano» va de mala leche, la que inspira una venganza. Porque Roma fue la venganza fría de Troya. De las cenizas de Ilión nació, como un pichoncillo con garras de halcón de las pajareras de Venus, el Imperio. Así lo establece Virgilio en la Eneida, un magno ejemplo de propaganda. 
¿Qué tiene que ver un héroe de Roma con los #cayetanos? Aquí te lo cuento... Clic para tuitear

Según la lógica de los mitos, cuando la República conquistó Grecia en el 146 a. C., Roma no sometía a los aqueos de hermosas grebas, sino que Troya se desquitaba.

Los antepasados del coronavirus en la mitología y la historia

Estamos asustados. Salvo nosotros mismos, no quedan depredadores que nos amenacen. Con una excepción: esos bichitos que no vemos venir y que se nos cuelan por los poros. En este siglo XXI aún tierno, nos espantan los del coronavirus.

Como estoy en casa para evitar el contagio, tengo tiempo para pensar. Y me he puesto a imaginar el pavor irracional que padecerían nuestros antepasados cuando les caía encima una peste. ¿Te los imaginas encerrados entre sus cuatro paredes de piedra desnuda o adobe sin agua corriente ni jabón ni electricidad ni gas?… ¡¡¡¿Y sin teléfono ni televisión?!!! ¿Sin más entretenimiento que rezar a sus dioses y cavilar y cavilar en cuándo les tocaría la china a ellos?

Un repaso a la Historia y al terror supersticioso de nuestros antepasados nos puede devolver una pizca de calma y sensatez Clic para tuitear

Midas, rey de Frigia y devoto de Dioniso, rescató a Sileno de un coma etílico y lo devolvió al tíaso. Baco le quedó muy agradecido por el respeto hacia su mentor. En consecuencia, e igual que el genio de la lámpara de Aladino, el dios le dijo al rey que podía pedirle un deseo. Y, lo que es mejor, que le sería concedido…

Como decía mi primer jefe de verdad, el sagaz Emiliano Aláiz, los periodistas tenemos que comer mucho langostino para llevar garbanzos a casa. Clic para tuitear

Antes de la Gran Reclusión, teníamos fama en España de que los bares eran nuestra segunda casa. Se quedaban cortos los que decían eso. Porque hubo un tiempo en que tuvimos tres: la vivienda habitual, el bar y nuestro colegio electoral. Llegué a perder la cuenta de los domingos de votación que nos cayeron encima. Aún no sé si en alguno de ellos nos jugamos tanto como las mujeres atenienses de hace un par de milenios. Aquellas desdichadas sufrieron una jornada electoral que cambió radicalmente sus vidas. Espóiler: a peor.

«De todas las criaturas que tienen vida e inteligencia, nosotras, las mujeres, somos las más infortunadas», se lamenta Medea. Clic para tuitear

¿De dónde viene la manoseada palabra «sibarita»? Pues viene de Síbaris, una de las ciudades más importantes de la Magna Grecia. Así llamaron los romanos a una reunión de colonias griegas en el sur de Italia y en Sicilia que ya eran prósperas cuando Rómulo mandaba sobre una partida de forajidos.

Los sibaritas, de tan quisquillosos, llegaron a prohibir el yunque de los crucigramas Clic para tuitear

Hesíodo, el genealogista de los dioses, desarrolla el mito de las edades en sus Trabajos y días. Son cinco, enumeradas de mejor a peor: de Oro, de Plata y de Bronce, el intermedio de la Heroica y, por fin, la Edad de Hierro. La última, la férrea, es la de Hesíodo. El poeta lamenta no haber nacido antes o después. «Nunca durante el día se verán [los hombres] libres de fatigas y miserias ni dejarán de consumirse durante la noche. Y los dioses les procurarán ásperas inquietudes», avisa.

Los que queman contenedores en Barcelona son los niños de mamá de la Edad de Plata de Hesíodo. Todo está en los mitos. Clic para tuitear

Dados su valor, propiedades y antigüedad, el azafrán no podía faltar en los valiosos, perfumados y sensuales mitos de los antiguos griegos. En una entrada anterior, cuyo enlace te dejo aquí, supimos por qué Carlos Linneo bautizó a tan exquisita especia como Crocus sativus. Pero aquel romance homosexual entre un dios y un efebo tiene su versión heterosexual. Eliminamos de la leyenda azafranera al astuto Hermes, añadimos a la ninfa Esmílace, mantenemos al hermoso Croco y listo.

Eso sí, el final del desdichado mozo es el mismo. Y sí, calificarlo de «desdichado» es una forma de destripar la historia. Pero no te preocupes, también vamos a dejar a las ninfas como lo que eran, unas mosquitas muertas. Y eso no te lo esperabas…

Las ninfas eran más peligrosas que una sopa de anzuelos. Pregúntale a la flor del azafrán... Clic para tuitear

Con mayor o menor intensidad epifánica, el mito se manifiesta en nuestras rutinas como el rescoldo de lo sagrado bajo la ceniza de los días. Hoy hablaré, para empezar, de las apariciones cotidianas del caprichoso Baco. Pero también traeré a Procusto, a la sibila y a Medea.

Dioniso está muy lejos de ser el dios borracho y libidinoso del tópico; el hijo de Sémele muere y renace con dolor y baja a los infiernos en busca de su madre. Menuda veta para el psicoanálisis. Solo quienes disfrutan en la mitad de su vida (y más allá) de los placeres de fermentados y destilados conocen la agonía, ya no solo física, de una resaca. Y ahí está Baco en su integridad como dios de la embriaguez y de su reverso.

Esta semana, una bacante ha paseado la cabeza de un hombre por un plató Clic para tuitear

La culpa de que el padre de Odiseo, que no fue Laertes, sino Homero, aparezca en esta entrada en condición de barista y no de aedo no es mía. La culpa es de Álvaro Cunqueiro. «¡Anda y vete a pellizcar mármoles!», podrá soltarme algún lector escandalizado. Y yo le responderé que me envía a tan extenuante tarea sin razón. Porque si alguien tendría que ir a pellizcarlos no soy yo, sino Cunqueiro (¡que las Musas lo tengan en su mullido seno!). Y voy a demostrarlo…

¿Que Homero menciona el café en la Odisea? ¡Pero qué barbaridad! Clic para tuitear

Hace unos días andaba yo zapeando y colisioné con el péplum Troya.  Menos mal que no conduzco por las comarcales del cine histórico sin mi airbag documental, porque chatarras de ese calibre se te llevan por delante sin mirar atrás. Lo más extraordinario de la película es, a mi parecer, que los guionistas no maten a Sean Bean. Su agente anduvo listo y le consiguió el papel de Odiseo, que no muere ni en la Ilíada ni en la Odisea, aunque no le falten ocasiones. Al fin y al cabo, es lo que tiene ser un juguete de los dioses. El caso es que me sirvió de inspiración —nunca sabe uno dónde se emboscan las musas— para contarte que el yelmo pseudocorintio de Brad Pitt en la peli de Wolfgang Petersen está más fuera de lugar que una cita de Sócrates en Instagram.

Brad «Aquiles» Pitt con el casco de Magneto y mirada «acero azul» a punto de arrancarle la armadura a Héctor.

Se calcula que, balazo arriba, puñalada abajo, el bueno de Sean Bean ha muerto unas veinticinco veces en la ficción, incluyendo animaciones como Final Fantasy. En su estreno cinematográfico, en 1986, interpretó a Ranuccio, amante del pintor Caravaggio, que lo degüella. De las siguientes, sus muertes más famosas son las de Alec Trevelyan en Goldeneye, la de Boromir en El señor de los anillos y, desde luego, la de Ned Stark en Juego de tronos. Aun así, está muy lejos del récord de Danny Trejo: hasta enero de 2020, el chicano ha muerto sesenta y cinco veces.

Sean Bean en Troya: What the Hades is going on? I'm alive! Clic para tuitear