José Juan Picos

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Jose Juan Messages

Nunca había visto tan alterado al Dr. Espinosa. Él solito parecía una bandada de dragones a punto de escupir fuego. Era la tercera vez que se le quedaba el café a medio camino de los labios, tensos como los invitados al bautizo de un gremlin. Tenía el pulso tan alterado que ya había más café en el platillo y sobre la mesa de mármol que en la propia taza. De haber fumado, habría encendido un cigarrillo sin importarle prohibiciones ni opiniones.

Cualquiera que se hubiese fijado en nosotros, y no era difícil que el airado criptozoólogo pasara desapercibido, se habría apiadado de mí por soportar a semejante orate. O, precisamente, habría sentenciado que el loco era yo por aguantar sus desaforados ademanes y sus vivas voces, en un tris de ser aullidos.

Cada vez que volvía a posar la taza, me pasaba por delante de las narices una carta. Se la había remitido la secretaria de presidencia (ni siquiera el presidente) de la Sociedad Ibérica de Criptozoología, sita en Teruel. Tener la sede de la SIC en la discreta ciudad aragonesa es como esconder un cadáver en la segunda página de Google… Nadie mira.

Este artículo va de nombrar la soga en casa del ahorcado. La soga se llama Titivillus, o también Tutivillus. Suena a autor latino de poco renombre, pero es un habitante del Averno, un subalterno de los grandes duques infernales. Sí, Titivilo es un demonio. Y, si escribes, el más temible. Yo escribo, y sí tengo miedo…

Si escribes, Tutivillus colmará de cagaditas tus páginas

El primero que se atrevió a invocar a tal demonio fue un teólogo franciscano. Se llamaba Juan de Gales y enseñó en Oxford y París en la Baja Edad Media. En 1285, el fraile lo maldijo en su Tratado de penitencia, que no fue dado a imprenta, sino a scriptorium.

Una roussoniana recomienda en Twitter que ante el atentado islamista de Barcelona leamos Las cruzadas vistas por los árabes. Y un cruzado le responde que a ver si puede parar la furgoneta de un terrorista tirándole el libro de Amin Maalouf.

A ella la califico de «roussoniana» porque me atrevo a decir que padece ese neocolonialismo humanitario que conduce a la apología urbanita del buen salvaje, aunque sea un barbudo circundidado cargado con una mochila-bomba. A él  lo tildo de «cruzado» porque quizá piense, aunque no lo tuitee, que «el único salvaje bueno es el salvaje muerto». Y califico el atentado de «islamista» porque Islam significa «sumisión» y la Yihad es su látigo.

Comanchería es al cine presente lo que el cerdo a la gastronomía. El gorrino tiene sabrosos hasta los andares y la película de David Mackenzie tiene bonito hasta el título en español, que no es hazaña menuda. La acabo de ver y aún no he podido cerrar la boca. Ya se ve que no padezco la fiebre de los estrenos.

Su guión es pura fibra. Ni grasa ni anabolizantes. Eso sí, entre el músculo firme y crudo, el director escocés entrevera vetas de humor que saben a risa, no a sonrisa. Llega un momento en que los dos rangers coprotagonistas se lanzan pullas como si fueran Abott y Costello, y sin que la credibilidad de la película se resienta una pizca. ¿Que son chistes de mal gusto, incluso racistas? Bueno, será deformación profesional: he trabajado en tantos equipos de televisión y he visto volar tantas hachas y tantos cuchillos verbales que igual tengo el umbral del humor muy alto. O muy bajo…

Bueno, la verdad es que Mayonesa sí fue canción del verano allá por el cambio de milenio. Y el año pasado casi lo vuelve a conseguir. Una compañía de telefonía móvil le metió semejante gusano auditivo en la cabeza a un pobre ejecutivo.  ¡Vaya condena! Bueno, siendo ejecutivo, algo habría hecho…

Pero yo he venido a hablar de la mayonesa original, que en un tiempo fue estrella informativa estival. Por la salmonelosis. Hasta que la huevina llegó al rescate, se mantuvo siempre en el Top 10 de la lista de accidentes veraniegos.

¿Qué sería de los nacionalismos sin sus banderas gastronómicas?

Dicho esto, vamos al asunto. Si los nacionalismos nacen en algún lugar entre el diafragma y las rodillas, bien se puede entender que el estómago tenga parte muy importante en ellos. Veamos: ensaladilla rusa, tortilla francesa, pabellón criollo, arroz a la cubana

¿Qué ingredientes son indispensables para una buena ensalada mental? (es lo mismo que una empanada, pero más fácil de digerir). Primero, una fundación, hospital o universidad de no se sabe bien dónde. Segundo, un informe muy sesudo que nadie conoce de primera mano, pero algo han dicho en Facebook. Y, para remate, una autoría camuflada tras un departamento docente o un equipo de «expertos». Tales «evidencias» nos bastan para jurar que todo lo que sabíamos sobre nuestra salud estaba equivocado o, ¡peor aún!, demodé… Pues, con esos ingredientes, a la Operación Bikini le ha salido competencia.

No hace ni dos meses que llegaron estos polluelos. Allá por el 18 de mayo eran dos tiernas bolitas de peluche, eso sí, con sus narizotas de payasetes y sus zapatones membranosos. Cómo si a estos cisnes en miniatura les hiciera falta ser todavía más graciosos para caernos aun mejor….

© José Juan Picos

Hace solamente dos meses, pero hay que ver cómo han crecido los condenaos

«Porque el Brexit no es de hoy» es la idea que anima mi último libro, Brexit con puñetas (Ingleses por España en tiempos de Maricastaña). Quizá el antepasado más obvio del divorcio actual entre la isla y el continente sea el cisma anglicano de Enrique VIII, formalizado en 1534. Pero trece siglos antes, en la segunda mitad del III, la provincia de Britania, conquistada bajo Claudio en el año 44, ya vivió separada de su entidad supranacional, el Imperio Romano. O sea, que los británicos ya conjugaban el verbo To BrexitBrexitus, brexita, brexitum, dicho sea muy macarrónicamente. Y sin referéndum ni nada, por las bravas. Ocurrió así…

Me encomiendo a Dios (al que sea que Sea) para esto que voy a contar hoy. Pero antes contaré por qué lo cuento. Una vez al mes publico en una revista digital un artículo relacionado con un género literario, la novela histórica. La revista es Scribere y su director es el arquitecto y contratista de esta página web que espero disfrutes: Víctor J. Sanz. Puesto que las peripecias literarias, editoriales y vitales por las que vaya pasando formarán el corazón de esta web, he pensado que no estaría mal publicar, a mes vencido, los artículos que haya firmado en Scribere.

Voy a empezar con el penúltimo que he publicado. Me lo inspiró un titular, entre adulador y amarillista, de una entrevista a un periodista veterano, de esos que, cuando hablan, sus admiradores proclaman: «¡Palabra de Dios!». Es el veterano Raúl del Pozo. Así que estas líneas y las que siguen van del mayor best-seller de la Historia, al menos de la occidental: la Biblia. Y de su autor, presuntamente Dios, quien tuvo, como cualquier superventas poco escrupuloso, sus correspondientes negros: los evangelistas.

Hay pocos libros sobre el Brexit. En español, digo.

Brexit con puñetas

De hecho, ni siquiera el mío va sobre el Brexit, por mucho que relumbre en el título; que relumbra gracias a la luz que le dio a la portada un compañero de aventuras televisivas, Chema Cristo (a cada uno lo suyo). Ya me preparó otra igual de estupenda para el libro inmediatamente anterior a este: Vino de Arabia (Un paseo por la Historia de la mano del café). Pero si no va sobre el Brexit, ¿de qué demonios va Brexit con puñetas? Pues lo dice el subtítulo: Ingleses por España en tiempos de Maricastaña.