José Juan Picos

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Jose Juan Messages

Hace un mes publiqué un artículo en este blog sobre lo poco rigurosas que pueden ser las portadas de las novelas históricas. Sobre todo las de romanos. E ilustré tal afirmación con una excepción notable. El novelista italiano Massimiliano Colombo, autor de Draco. La sombra del emperador, le agradecía a su editora que hubiese respetado sus opiniones, llenas de rigor, sobre la cubierta del libro. No es arriesgado considerar tal caso como una excepción. La norma es que muchas portadas inspiradas en Roma estén mal, o muy mal, documentadas. Es decir, que sean anacrónicas. Y a las pruebas me remito…

En esto del Procés, mis colegas periodistas me recuerdan cada vez más el chiste de la cliente que va a que le echen las cartas. «¡Riiiiing!», llama al timbre. «¿Quién es?», pregunta la cartomántica. «¡Pues vaya mierda de adivinadora!», sentencia la chasqueada usuaria. Bandas ideológicas y mercenariado aparte, lo que caracteriza a los «especiales informativos» televisivos y a sus profetas mediáticos es el amarillismo sin matices, a brochazos, ¡porque yo lo valgo! y el chapotear en todos los charcos. Con conocimiento o sin él, que hay que llenar minutos y encabronar a la parroquia. Y no he echado cuentas, pero me da que fallan más que una escopeta de feria.

Con los cadáveres de sus compañeros aún calientes, jugadores del Manchester vendieron partidos

Por ejemplo. Llega uno y, alegremente, compara Cataluña con Quebec; y el otro con Escocia; y el de más allá, con Eslovenia; y aquel con Kosovo, y ese con Ucrania y este con las repúblicas bálticas. Según como tenga el día el experto. Y no salen de ahí, ¿para qué? Van a cobrar igual y creen ciegamente que son los guionistas de esta astracanada a lo Sopa de ganso. Que ojalá se quede en eso…

Un jefe catalán que tuve me enseñó un refrán: «No mates un conejo para aprovechar un tomate». Estos días me he acordado del proverbio con amargura. Veo a políticos resentidos, a contertulios que vienen pagados de casa y a intelectuales a la violeta afanarse en matar el conejo de España para aprovechar el tomate de Cataluña. En vez de articular una nación, se obcecan en descuartizarla. Como espectador de tan fatigosa astracanada, mi espíritu crítico ha pasado del zoom in al zoom out al ver que «de martes a martes hay mezquinos en todas partes».

Los turistas ingleses cayeron sobre España como caminantes blancos

En los agradecimientos de su novela Draco. La sombra del emperador, el novelista histórico Massimiliano Colombo tiene palabras de sincera gratitud para su editora. Le reconoce «la posibilidad de expresarme incluso con el título y la cubierta. Sé que pocos escritores gozan de semejante privilegio. Gracias, Mariagiulia». Con toda la razón. Y más si la novela es de romanos, como la suya.

Se oye mucho en estos días mezquinos. Es lo que se llama nadar y guardar la ropa; o poner una vela a Dios y un ascua a Satanás; o donde dije digo, digo Diego, por si las moscas, que las hay por enjambres, dado el albañal en el que andamos metidos. Pero el titular de esta entrada no va de eso. Va de apropiación indebida. Y de citas. Me explico…

No son minoría los que han empuñado sentencias de insignes cadáveres para justificar sus acciones o su pasividad. Pero lo indebido no es que citen a personajes célebres para justificar el , el No o el Ni contigo ni sin ti. Es que esas citas nunca salieron de boca de esos pobres difuntos célebres que no pueden decir esta boca es mía. O peor: no las dijeron con la intención con que las cogen al vuelo tirios y troyanos.

Citar es un ejercicio de rigor, que en ocasiones agota, como he tenido ocasión de comprobar en mi último ensayo, Brexit con puñetas. Y ese rigor empieza a fallar, gracias a Internet, entre los propios periodistas. Es una paradoja de estos tiempos en los que un dato está a un clic de nosotros, de nuestros textos y, en consecuencia, de la confianza de los lectores.

El rigor al citar escasea entre los periodistas más prestigiosos

Empiezo con Carles Francino y un editorial (masculino: «artículo editorial»; femenino: «empresa que edita») de su programa del día 26 de los corrientes en la SER. Se trata de una loa a los equidistantes que, sin embargo, toma partido desde el momento en que compara con la misma alegría sedición y ejercicio de la ley.

Esta semana han coincidido un par de hechos sin aparente relación. El cuento de la criada ha recibido cinco Emmys y los protestantes celebran el medio milenio de la Reforma, el cisma de Lutero con la Biblia como estandarte. Claro, digo «aparente» porque sí la tienen, a mi modo de ver. Y, a su vez, ambos hechos se relacionan con una entrada anterior de este blog: Palabra de Dios: a vueltas con la Biblia. Decía en ella, y digo, que los escritores descreídos no debemos renunciar al conocimiento de la Biblia. Como todo relato mitológico, es un arsenal de arquetipos y situaciones que nos ayudan a explicar y a explicarnos.

Tras los Emmys, todos arriman el ascua a su sardina ideológica

El cuento de la criada, antes que serie, fue novela corta. La escribió la canadiense Margaret Atwood y se publicó en 1985. No he visto la serie, pero he leído la novela. Me sorprendió la idea y me aburrió el desarrollo. Durante estos días han escrito mucho sobre su oportunidad: patriarcado, lesbianismo, fundamentalismo, vientres de alquiler, hipervigilancia, el presidente de color zanahoria y boquita de pitiminí… Cada cual ha llevado el ascua a su sardina ideológica. Y más con cinco Emmys.

«Todo está en los libros» fue un estribillo de mi adolescencia. Era la banda sonora de un programa televisivo sobre literatura. «Televisión literaria»… parece un oxímoron, ¿verdad? Como «hielo ardiente» o el ya tópico «inteligencia militar». Bueno, así fuimos una vez, y aún no sé si para mejor o para peor. La música de aquel bordón era de Luis Eduardo Aute, la cantilena de Jesús Munárriz y la interpretación de Vainica Doble. Pues aquel sonsonete que nunca he olvidado inspira hoy el título de esta entrada: «Todo está en los mitos».

Cada día de la semana honramos a los viejos dioses

Lo digo porque no creo que Neil Gaiman tenga razón. Es decir, no creo que los dioses antiguos y sus mitos hayan muerto. Ni siquiera le cabe al inglés el honor de tal exclusiva. Cuenta Plutarco que, en tiempos de Tiberio, el capitán de un barco griego oyó una voz que le decía: «¡El Gran Pan ha muerto!». Y que todos los que supieron de ese anuncio atroz perdieron la alegría de vivir y el lazo con la Naturaleza. Es decir, nos hicimos más humanos…

Hace ya unos días, al colega escritor Jandro Feito le nació hablar bien de mi eBook En un maldito lugar de la Mancha. Y fue y lo contó en su página de Facebook. Y, entonces, uno de sus corresponsales va y sentencia: «Yo es que, si no hay papel, no hay novela». ¡¡¡Toma del frasco, Carrasco!!! ¡¡¡Y vuelve por otra, que tengo más de ese calibre!!! ¡¡¡Y ojito conmigo en las cenas de Nochebuena, que no dejo títere con cabeza ni santo en la peana!!! Y yo, que me ardían las yemas de los dedos de pura rabia de autor incomprendido, me las tuve que meter en la boca, las diez, y mordérmelas para no responder. Pero como tengo una web y un blog en la web, pues respondo y me quedo tan suave.

Aún se te quedan los píxeles pegados en los dedos de lo fresquita que está Capítulo 1, una flamante revista digital a disposición de quienes nos dedicamos a escribir, aunque no vivamos de ello, pero sí para ello (o casi, que tampoco hay que dramatizar ni ponerse talibán ni júligan, que hasta aquí los hay). Capítulo 1 es una revista para escritores con el sano objetivo de que los escritores nos leamos un poco los unos a los otros, que no te creas tú que lo hacemos mucho: «No, yo es que solo leo a los clásicos, ya sabes, los que ya estaban criando malvas cuando nací yo». Ya…

Porque escribir es toda una aventura (¿qué os voy a contar?)

Capítulo 1 es un nuevo proyecto de Víctor J. Sanz (¿cuántos van ya?), al que algunos seguramente conoceréis por la editorial Scribere y la revista que llevaba el mismo nombre; y, si no, puede que hayáis seguido alguno de sus cursos en la Escuela de Formación de Escritores (EFE). ¿Que no? Bueno, pues yo os lo presento a él y él os presenta el número 1 de la revista…