José Juan Picos

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Jose Juan Messages

Esta semana han coincidido un par de hechos sin aparente relación. El cuento de la criada ha recibido cinco Emmys y los protestantes celebran el medio milenio de la Reforma, el cisma de Lutero con la Biblia como estandarte. Claro, digo «aparente» porque sí la tienen, a mi modo de ver. Y, a su vez, ambos hechos se relacionan con una entrada anterior de este blog: Palabra de Dios: a vueltas con la Biblia. Decía en ella, y digo, que los escritores descreídos no debemos renunciar al conocimiento de la Biblia. Como todo relato mitológico, es un arsenal de arquetipos y situaciones que nos ayudan a explicar y a explicarnos.

Tras los Emmys, todos arriman el ascua a su sardina ideológica

El cuento de la criada, antes que serie, fue novela corta. La escribió la canadiense Margaret Atwood y se publicó en 1985. No he visto la serie, pero he leído la novela. Me sorprendió la idea y me aburrió el desarrollo. Durante estos días han escrito mucho sobre su oportunidad: patriarcado, lesbianismo, fundamentalismo, vientres de alquiler, hipervigilancia, el presidente de color zanahoria y boquita de pitiminí… Cada cual ha llevado el ascua a su sardina ideológica. Y más con cinco Emmys.

«Todo está en los libros» fue un estribillo de mi adolescencia. Era la banda sonora de un programa televisivo sobre literatura. «Televisión literaria»… parece un oxímoron, ¿verdad? Como «hielo ardiente» o el ya tópico «inteligencia militar». Bueno, así fuimos una vez, y aún no sé si para mejor o para peor. La música de aquel bordón era de Luis Eduardo Aute, la cantilena de Jesús Munárriz y la interpretación de Vainica Doble. Pues aquel sonsonete que nunca he olvidado inspira hoy el título de esta entrada: «Todo está en los mitos».

Cada día de la semana honramos a los viejos dioses

Lo digo porque no creo que Neil Gaiman tenga razón. Es decir, no creo que los dioses antiguos y sus mitos hayan muerto. Ni siquiera le cabe al inglés el honor de tal exclusiva. Cuenta Plutarco que, en tiempos de Tiberio, el capitán de un barco griego oyó una voz que le decía: «¡El Gran Pan ha muerto!». Y que todos los que supieron de ese anuncio atroz perdieron la alegría de vivir y el lazo con la Naturaleza. Es decir, nos hicimos más humanos…

Hace ya unos días, al colega escritor Jandro Feito le nació hablar bien de mi eBook En un maldito lugar de la Mancha. Y fue y lo contó en su página de Facebook. Y, entonces, uno de sus corresponsales va y sentencia: «Yo es que, si no hay papel, no hay novela». ¡¡¡Toma del frasco, Carrasco!!! ¡¡¡Y vuelve por otra, que tengo más de ese calibre!!! ¡¡¡Y ojito conmigo en las cenas de Nochebuena, que no dejo títere con cabeza ni santo en la peana!!! Y yo, que me ardían las yemas de los dedos de pura rabia de autor incomprendido, me las tuve que meter en la boca, las diez, y mordérmelas para no responder. Pero como tengo una web y un blog en la web, pues respondo y me quedo tan suave.

Aún se te quedan los píxeles pegados en los dedos de lo fresquita que está Capítulo 1, una flamante revista digital a disposición de quienes nos dedicamos a escribir, aunque no vivamos de ello, pero sí para ello (o casi, que tampoco hay que dramatizar ni ponerse talibán ni júligan, que hasta aquí los hay). Capítulo 1 es una revista para escritores con el sano objetivo de que los escritores nos leamos un poco los unos a los otros, que no te creas tú que lo hacemos mucho: «No, yo es que solo leo a los clásicos, ya sabes, los que ya estaban criando malvas cuando nací yo». Ya…

Porque escribir es toda una aventura (¿qué os voy a contar?)

Capítulo 1 es un nuevo proyecto de Víctor J. Sanz (¿cuántos van ya?), al que algunos seguramente conoceréis por la editorial Scribere y la revista que llevaba el mismo nombre; y, si no, puede que hayáis seguido alguno de sus cursos en la Escuela de Formación de Escritores (EFE). ¿Que no? Bueno, pues yo os lo presento a él y él os presenta el número 1 de la revista…

Nunca había visto tan alterado al Dr. Espinosa. Él solito parecía una bandada de dragones a punto de escupir fuego. Era la tercera vez que se le quedaba el café a medio camino de los labios, tensos como los invitados al bautizo de un gremlin. Tenía el pulso tan alterado que ya había más café en el platillo y sobre la mesa de mármol que en la propia taza. De haber fumado, habría encendido un cigarrillo sin importarle prohibiciones ni opiniones.

Cualquiera que se hubiese fijado en nosotros, y no era difícil que el airado criptozoólogo pasara desapercibido, se habría apiadado de mí por soportar a semejante orate. O, precisamente, habría sentenciado que el loco era yo por aguantar sus desaforados ademanes y sus vivas voces, en un tris de ser aullidos.

Cada vez que volvía a posar la taza, me pasaba por delante de las narices una carta. Se la había remitido la secretaria de presidencia (ni siquiera el presidente) de la Sociedad Ibérica de Criptozoología, sita en Teruel. Tener la sede de la SIC en la discreta ciudad aragonesa es como esconder un cadáver en la segunda página de Google… Nadie mira.

Este artículo va de nombrar la soga en casa del ahorcado. La soga se llama Titivillus, o también Tutivillus. Suena a autor latino de poco renombre, pero es un habitante del Averno, un subalterno de los grandes duques infernales. Sí, Titivilo es un demonio. Y, si escribes, el más temible. Yo escribo, y sí tengo miedo…

Si escribes, Tutivillus colmará de cagaditas tus páginas

El primero que se atrevió a invocar a tal demonio fue un teólogo franciscano. Se llamaba Juan de Gales y enseñó en Oxford y París en la Baja Edad Media. En 1285, el fraile lo maldijo en su Tratado de penitencia, que no fue dado a imprenta, sino a scriptorium.

Una roussoniana recomienda en Twitter que ante el atentado islamista de Barcelona leamos Las cruzadas vistas por los árabes. Y un cruzado le responde que a ver si puede parar la furgoneta de un terrorista tirándole el libro de Amin Maalouf.

A ella la califico de «roussoniana» porque me atrevo a decir que padece ese neocolonialismo humanitario que conduce a la apología urbanita del buen salvaje, aunque sea un barbudo circundidado cargado con una mochila-bomba. A él  lo tildo de «cruzado» porque quizá piense, aunque no lo tuitee, que «el único salvaje bueno es el salvaje muerto». Y califico el atentado de «islamista» porque Islam significa «sumisión» y la Yihad es su látigo.

Tras la reseña de En un maldito lugar de la Mancha que el novelista Jandro Feito me regaló la semana pasada, me he topado con otra que es anterior a la creación de esta web. Por tanto, podríamos considerarla inédita por mi parte, aunque no por la de su autora. Ella es la bloguera literaria Thelma García. Desde su blog El escritorio del búho repasa el panorama de nuevos autores. Su lema sobre la lectura es realmente hermoso: No leas para dormir, lee para soñar. Pues esto es lo que dice Thelma de las aventuras y vida secreta de Quijano, Panza y Cervantes, agentes de La Espada de Dios…

«Hoy les traigo mi comentario de esta novela, que fue comenzarla y no soltarla hasta el final, porque me atrapó desde el primer momento.

Publico este artículo porque me había comprometido. Pero la verdad es que ya me da fatiguita esta serpiente de verano sobre el turismo, que ahora vuelven a llamar «de masas» en los medios. Deduzco, entonces, que a la discriminación entre el viajero y el turista se suma otra categoría: el turista «masivo». Me lo imagino como un señor de Glasgow con barriga cervecera y michelines de haggisblack pudding que anda de vacaciones por la Barceloneta y el Barrio Gótico. O sea, el Gordo Cabrón de Austin Powers.