¡Ahora caigo! es el título de un concurso de preguntas y respuestas que Antena 3 emite de lunes a viernes a las seis de la tarde. Se llama así porque, si no caes en cuál es la respuesta correcta, te traga la tierra…

Quinta pista: «Fundado por André Breton». Nhoa, maestra infantil: «El Rococó». Clic para tuitear

Ayer viernes se enfrentaban dos jóvenes, Sara y Nhoa. Ambas son maestras infantiles y Nhoa estudia para ser profesora de educación primaria. La sección del concurso en la que competían cuando yo me paré a verlo se titula «¡Adivina!». Por turnos, el presentador, Arturo Valls, ofrece hasta diez pistas sobre un tema, concepto o personaje. 

Los errores no eliminan a los concursantes, sino que corre la vez. Quien dé con la respuesta correcta se queda; el otro se va al hoyo.

  • Primera pista, turno de Nhoa: «Movimiento artístico y literario». Respuesta de la concursante: «Barroco». Corre turno…
  • Segunda pista, turno de Sara: «Surgió en Francia». Respuesta: «Renacimiento». Corre el turno otra vez.
  • Tercera pista: «Fue revolucionario». Respuesta de Nhoa: «El Romanticismo».
  • Cuarta pista: «Comenzó en los años 20». Sara: «¡Fuf!, ¡aaaaaargh!, ¡uf!… ¡¡Pepe!!… ¡No sé!».
  • Quinta pista: «Fundado por André Breton». Nhoa: «El Rococó».
  • Sexta pista: «Inspirado por Freud». Sara: «¡El, el, el, el sexualismo! ¡No sé!». Arturo Valls a la concursante: «Céntrate…».
  • Séptima pista: «René Magritte». Nhoa: «El Cientificismo». Arturo: «Me encantan vuestras propuestas…».
  • Octava pista: «Por encima del realismo». Sara: «El Clasicismo… ¡Yo qué sé!».
  • Novena pista: «Se plasmaban los sueños». Nhoa: «¿Naturalismo?». Arturo: «¡Nooo!… [se recupera de la impresión] ¡Atención!, pista definitiva!»
  • Décima pista: «Dalí, Lorca y Buñuel». Sara: «¿La Generación del 27?».  Después de un par de exclamaciones de asombro, de unas cuantas risas y de dar la solución del enigma —Surrealismo—, Arturo remata: «Surrealista sí que ha sido este Adivina… ¡Madre mía!».

Para los incrédulos que no den crédito, aquí dejo el enlace al estrambótico duelo.

La situación anterior me recordó un hilo de Twitter de esta misma semana. Lo desenrolló @Chabeli_SZ, una extrabajadora del mundo editorial reconvertida en profesora de Lengua, «porque comer me mola y el dinero, más». Tras soportar con más paciencia que Job a los pedagogos del máster, hizo las prácticas en un aula de 4º de ESO: Lejos de aplicar las magufadas pedagógicas de rigor en el Magisterio contemporáneo, Chabe se dedicó a ejercer de maestra, «como don José cuando me enseñó La Saeta de Machado por la voz de Serrat, como cuando me prestaba sus libros con páginas amarillas para que leyese». ¿Y los niños? «Tan campantes». Y como resultado de no aplicar el andamiaje abigarrado, enrevesado y tupido de la Pedagogía actual que ni construye ni reconstruye ni rehabilita, que es para lo que sirve todo andamio que se precie…

La Pedagogía actual, como la Politología o la Demoscopia, se ha convertido en un ficción. Te pinta un dibujito de puerta de nevera con juegos, monigotitos, sonrisas como rajas de melón, felicidad con estevia y ninguna responsabilidad, una aleación que forja adolescentes perennes con canas en el pubis. Es otro andamio inútil, un ídolo perdido en el desierto reseco e infértil de Almería. Cierto que esa imagen podría recordar a la del monolito negro que, en 2001 Una odisea de espacio, convierte a los australopitecos en sapiens. Pero, en este caso, el objetivo del tótem pedagógico sería, justamente, revertir la evolución.

Como Chabe, la profesora tuitera con ningún respeto por las paparruchas pedagógicas, yo también tuve profesores que me mandaron leer libros; entiéndase mandar como obligación, no como una opción lúdica. A alguno lo odié, pero hoy me gustaría que estuviese vivo para correr a darle las gracias.

Cuando mis profesores venían de buenas, te mandaban un libro, te lo leías y ellos te ponían una prueba monográfica para evaluar tu nivel de comprensión, tu conocimiento de la materia y que te habías sometido a la disciplina escolar, un anuncio de lo que te esperaba en el mundo inclemente de fuera. Pero cuando tenían el día torcido, te mandaban unos cuantos y a ver cuál caía: una magistral ruleta rusa. Uno de ellos, puede que don Antolín, mi profesor de Lengua y Literatura de 2º de BUP, nos mandase leer el Satiricón. Pues lo estoy releyendo ahora. Por gusto, por el gusto que, con exámenes, oficio y responsabilidad, aquellos maestros sembraron en mí.

Recordaba bastante bien el banquete de Trimalción, el nuevo rico hortera y chabacano, pero no la introducción de esta novela satírica atribuida a Petronio, árbitro de la elegancia en la corte de Nerón. En ella, Encolpio y Agamenón, dos de los personajes principales, ponen de chupa de dómine, es decir, de bata de maestro, la enseñanza de su época, en concreto, las clases de Retórica:

  • «según mi opinión, la juventud, en las escuelas, se vuelve tonta de remate por no ver ni oír en las aulas nada de lo que es realmente la vida […] las palabras y frases se recubren de mieles y todo —dichos y hechos— queda como bajo un rocío de adormidera y sésamo».
  • «habéis convertido el discurso en un cuerpo sin nervio, sin vida».
  • «Hoy los niños no hacen mas que jugar en la escuela, los jóvenes hacen el ridículo en el foro, y, lo que es más vergonzoso que ambos extremos, nadie quiere reconocer en la vejez la desacertada enseñanza de su infancia».

El Satiricón que estoy releyendo es una edición de 2010 de la editorial Gredos que conseguí hace poco en un almacén de libros descatalogados. Como ya lamentó Pérez Reverte en uno de sus artículos, Gredos se amputó y extirpó una parte de su biblioteca clásica. Total, si a los alumnos no hay que imponerles lecturas…

Entre el hilo tuitero de Chabeli y las palabras del sibarita romano hay dos mil años, pero el meollo es el mismo. La curiosidad, la disciplina, el trabajo, el mérito y el compromiso leal con el saber superaron a los vacuos rétores imperiales y nos han traído hasta aquí. Nosotros, o los que vengan, superaremos también a los pedagogos.

Por cierto, Sara, la maestra infantil que no sabía que Breton fundó el surrealismo, se llevó 7251 euros. Entonces, ¿no hace falta aprender nada para tener la cartera llena? ¿¡Vivan los pedagogos!? A ver, el equipo que produce el programa se forma diariamente y tira de lo que ya sabe para fabricar más y más preguntas y modular su dificultad; por experiencia, sé que son gente con lecturas y experiencias muy heterogéneas. En sus manos, Sara y Nhoa no son más que herramientas para que el programa siga despertando interés; la muestra es esta entrada. Dar espectáculo en televisión supone, muchas veces, hacer el ridículo sin ápice de rubor, y eso hay que pagarlo. Los siete mil euros de Sara son una pequeña inversión.

El programa que viene después de ¡Ahora caigo! se llama ¡Boom! Hace un año que nadie logra desbancar a un equipo de pitagorines que saben de todo, Los dispersos. Están a punto de hacerse con un bote de dos millones de euros. Pero otros que estuvieron antes, Los lobos, gente con estudios, viajes y libros, se llevaron casi siete. Seguro que tuvieron profesores como Chabeli, don José y don Antolín.

En todo caso, gane Francisco o gane Paco, quien siempre gana es Hacienda, llena de gente con lecturas que, para el resto de los mortales, son jeroglíficas. 

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