Estamos asustados. Salvo nosotros mismos, no quedan depredadores que nos amenacen. Con una excepción: esos bichitos que no vemos venir y que se nos cuelan por los poros. En este siglo XXI aún tierno, nos espantan los del coronavirus.

Como estoy en casa para evitar el contagio, tengo tiempo para pensar. Y me he puesto a imaginar el pavor irracional que padecerían nuestros antepasados cuando les caía encima una peste. ¿Te los imaginas encerrados entre sus cuatro paredes de piedra desnuda o adobe sin agua corriente ni jabón ni electricidad ni gas?… ¡¡¡¿Y sin teléfono ni televisión?!!! ¿Sin más entretenimiento que rezar a sus dioses y cavilar y cavilar en cuándo les tocaría la china a ellos?

Un repaso a la Historia y al terror supersticioso de nuestros antepasados nos puede devolver una pizca de calma y sensatez Clic para tuitear

A aquella gente aterrorizada que sobrevivió a pesar de todo, le quiero dedicar esta entrada. Y también a ti, para que recuperes la perspectiva y la proporción. Para que entiendas que nuestros sacrificios para no propagar el virus, muy necesarios, están muy lejos de lo que ellos padecieron. Empezaremos con algunas plagas mitológicas. Eso me ayudará a recordarte que todo está en los mitos, como ya te conté en esta entrada. Luego repasaremos las peores de la Antigüedad mediterránea.