octubre 2019

Hesíodo, el genealogista de los dioses, desarrolla el mito de las edades en sus Trabajos y días. Son cinco, enumeradas de mejor a peor: de Oro, de Plata y de Bronce, el intermedio de la Heroica y, por fin, la Edad de Hierro. La última, la férrea, es la de Hesíodo. El poeta lamenta no haber nacido antes o después. «Nunca durante el día se verán [los hombres] libres de fatigas y miserias ni dejarán de consumirse durante la noche. Y los dioses les procurarán ásperas inquietudes», avisa.

Los que queman contenedores en Barcelona son los niños de mamá de la Edad de Plata de Hesíodo. Todo está en los mitos. Clic para tuitear

El 23 de octubre de 2013, la librera coruñesa Carmen Molist, querida y respetada entre los lectores de la ciudad, expresó esta opinión en su blog Los libros de Molist sobre mi novela picaresca El viento de mis velas (Peripecias de un empedernido bebedor de café). En aquel momento, era fácil encontrar los ejemplares en papel en las librerías gallegas. Hoy está a disposición de los interesados en Amazon.

Este es el lema de Carmen: «Es un buen libro aquel que se abre con expectación y se cierra con provecho». Parece que, al dedicarle las líneas que siguen, mi novela le fue de provecho. Primero recoge una información publicada en El Ideal Gallego el 12 de diciembre de 2012 y luego expresa su opinión.

«Interesante, ameno, bonito, fiel a la historia y muy bien escrito» Clic para tuitear

Va para siete años de la publicación de mi primera novela en papel. Los hará en diciembre. Hoy, sobrevive, con buenas críticas, en formato electrónico en Amazon: El viento de mis velas. Peripecias de un empedernido bebedor de café. Un año después de su presentación, el 8 de diciembre de 2014, la bloguera literaria Thelma García, le hizo la siguiente reseña en su bitácora .

«Amo el café porque me mantiene despierto y se lo orino a la Muerte en la cara», Yago Valtrueno Clic para tuitear

Dados su valor, propiedades y antigüedad, el azafrán no podía faltar en los valiosos, perfumados y sensuales mitos de los antiguos griegos. En una entrada anterior, cuyo enlace te dejo aquí, supimos por qué Carlos Linneo bautizó a tan exquisita especia como Crocus sativus. Pero aquel romance homosexual entre un dios y un efebo tiene su versión heterosexual. Eliminamos de la leyenda azafranera al astuto Hermes, añadimos a la ninfa Esmílace, mantenemos al hermoso Croco y listo.

Eso sí, el final del desdichado mozo es el mismo. Y sí, calificarlo de «desdichado» es una forma de destripar la historia. Pero no te preocupes, también vamos a dejar a las ninfas como lo que eran, unas mosquitas muertas. Y eso no te lo esperabas…

Las ninfas eran más peligrosas que una sopa de anzuelos. Pregúntale a la flor del azafrán... Clic para tuitear

Con mayor o menor intensidad epifánica, el mito se manifiesta en nuestras rutinas como el rescoldo de lo sagrado bajo la ceniza de los días. Hoy hablaré, para empezar, de las apariciones cotidianas del caprichoso Baco. Pero también traeré a Procusto, a la sibila y a Medea.

Dioniso está muy lejos de ser el dios borracho y libidinoso del tópico; el hijo de Sémele muere y renace con dolor y baja a los infiernos en busca de su madre. Menuda veta para el psicoanálisis. Solo quienes disfrutan en la mitad de su vida (y más allá) de los placeres de fermentados y destilados conocen la agonía, ya no solo física, de una resaca. Y ahí está Baco en su integridad como dios de la embriaguez y de su reverso.

Esta semana, una bacante ha paseado la cabeza de un hombre por un plató Clic para tuitear