mayo 2018

Hoy vamos a conocer el extreme, pero muy extreme, make over del pavo real. Porque el ave que simboliza la vanidad no siempre fue tan bella. Nos ayudará en esta misión una vaca, la enésima muesca en el cabecero de Júpiter, para escarnio y furia de la romana Juno, llamada Hera por los griegos (no sé por qué te digo esto, si ya lo sabes).

Hera fue la primera dama del Olimpo, aunque no la primera esposa, del señor del trueno y el rayo. Alumbró a la juvenil Hebe, al marcial Ares y a la partera Ilitía. Protegía el matrimonio y la fidelidad conyugal; quizá porque su esposo fue un adúltero de proporciones olímpicas. Lo puedes comprobar en esta entrada dedicada a Mística. De ahí que Juno, despechada, pariese a Hefesto por partenogénesis. Con tales antecedentes, no te extrañe que a menudo la pinten como celosa y vengativa. Verbigracia, Homero en la Ilíada: los troyanos sufrieron sus celos por culpa de otro despecho, el que le provocó el desprecio de Paris en favor de Afrodita.

¿Y qué tienen que ver una hermosa vaca y un vulgar pavo real?

Lo cierto es que sí tenía más que decir sobre Atenea y su mochuelo, además de lo dicho en la entrada anterior a esta. Errores o interpretaciones de los traductores aparte, que la lechuza suplantase al mochuelo como mascota divina es culpa de una leyenda. Una cruel, como casi todas las mitológicas. Quedan avisados los pusilánimes y timoratos.

Atenea se compadeció de la joven princesa violada por su padre

Atenea cargó con el mochuelo. Ni búho ni lechuza. Un mochuelo, Athene noctua, fue la elegida por la diosa de la inteligencia entre infinidad de mascotas divinas. La futura Minerva también les regaló el olivo a los atenienses, con lo que cada mochuelo se pudo ir al suyo desde los tiempos de Homero.

¿Conoces a las mascotas sagradas de los dioses? Clic para tuitear

Inauguro así, con una invocación a Palas Atenea, una larga —espero— serie mitológica. No insistiré en mi querencia por los mitos grecorromanos y judeocristianos, que ya dejé clara en entradas anteriores. Pero sí explicaré que lo que viene es un repaso semanal a los mejores amigos de los dioses, sus divinas mascotas. Algunas, todo hay que decirlo, de lo más infernales, pero aun así divinas.