diciembre 2017

¡Llegó! Aquí está el gran compromiso de las pascuas. Armados de paciencia, nos disponemos a asistir a una perorata sobre los errores tácticos del Madrid y sobre si Messi o Ronaldo; a una arenga sobre lo que habría que hacer en la esquina noreste de la Península, y a los últimísimos chistes sobre Manneken Puchi. Pero armados con buen apetito, mis últimas entradas y una estampita del Santo Job puede que no nos convirtamos en daños colaterales de la cena de Nochebuena. Ahí va la penúltima clave…

Viñeta de Luis Dávila para el Faro de Vigo, 24/12/2017.

En la idiosincrasia de todo cuñao que se precie está el fundir la tarjeta de crédito en el Black Friday, tirarse el rollo de los chollos que ha rapiñao y luego quejarse en la velada familiar del veinticuatro de que se están perdiendo las tradiciones españolas. No te rías: un cuñao es un cínico —filosóficamente hablando—. Te enfrentas a un malabarista de las paradojas que, a mano abierta, amaga un bofetón dialéctico por la diestra y te remata por la siniestra. Su auténtico poder no reside en su arsenal argumental, sino en su descaro y en su irreductible postureo.

«¿Qué tendrá este contra los cuñados?», habrá quien piense al ver que ya voy por la tercera entrada de esta serie navideña. Yo nada, está en el aire, como el amor. Y, si no, fíjate en este anuncio de una tienda de vinos en línea. También es pereza y ganas de revolcarme en el tópico, para qué nos vamos a engañar. Y que he tenido que sufrir a algunos, propios y ajenos.

En realidad, el cuñadismo no define a un pariente. Más bien define a un país en el que los brasas bocazas, fanfarrones de barra, sordos a palabras que no sean las suyas, profundos como un charco y a años luz del peligro de extinción son multitud. Y lo peor es que acaban casándose con alguna de tus hermanas o tú terminas con una de las suyas. ¡Hombre!, entonces tú también eres un cuñao… Ya, pero no ejerzo, lo que, bien mirado, es peor, porque entonces te conviertes, impepinablemente, en su diana. Por listo: «¿Quién te habrás creído que eres para no seguirme la arenga, para no llevarme la contraria y ser mi sparring y para no reírme las gracias?». Es que voy provocando…

Hay quien mira una botella como si la etiqueta le chivase el Gordo

Lo que te propongo en esta ocasión es que, el domingo que viene, dejes que tu cuñado hable de cualidades interiores y que tú, por una vez, te quedes en la superficie. Claro que sí, ¿cuándo, si no en Pascuas, vamos a ser superficiales con más derecho? Por eso te animo a que brindes por ellas… ¡por las botellas!