noviembre 2017

Metido en pleno Viernes Negro y desorbitado como búha de parto: así vuelvo a este blog que extrañaba. A veces, no saca uno el tiempo. O las ganas.  El caso es que ando estupefacto porque me acabo de enterar de que hay colegios en España donde se hacen representaciones tontorronas del encuentro entre los peregrinos del Mayflower y los primos de Pocahontas. Y, en cambio, se reniega del 12 de Octubre de 1492. Diría que no somos más tontos porque no nos entrenamos, pero los papás (y las mamás) de esos críos tendrán cuentas de Twitter y grupos de Whatsapp, así que hacen músculo a diario.

Las navidades marcan el entrañable (¡puaj!) cuñadeo

Aparte, acaban de dar el pistoletazo de salida del sindiós navideño, que tiene dos avituallamientos, las cenas de Nochebuena y Nochevieja, y una meta final en cuesta, la de enero. Cuando digo «sindiós», lo hago literalmente: ¿dónde está Dios en esa fiesta de Pluto, infernal patrón de los plutócratas?

Hace un mes publiqué un artículo en este blog sobre la falta de rigor en las portadas de las novelas históricas. Sobre todo, en las de romanos. E ilustré semejante afirmación con una excepción notable. El novelista italiano Massimiliano Colombo, autor de Draco. La sombra del emperador, le agradecía a su editora que hubiese respetado sus opiniones, llenas de rigor, sobre la cubierta del libro. No es arriesgado considerar el caso como una excepción. Lo normal es que muchas portadas inspiradas en Roma estén mal, o muy mal, documentadas. Es decir, que sean anacrónicas. Y a las pruebas me remito…

Las portadas, talón de Aquiles de las novelas de romanos Clic para tuitear