agosto 2017

Este artículo va de nombrar la soga en casa del ahorcado. La soga se llama Titivillus, o también Tutivillus. Suena a autor latino de poco renombre, pero es un habitante del Averno, un subalterno de los grandes duques infernales. Titivilo es un demonio y, si escribes, el más temible. Yo escribo, y tengo miedo…

El demoníaco Tutivillus colmará de cagaditas tus páginas

El primero que se atrevió a invocarlo fue un teólogo franciscano. Se llamaba Juan de Gales y enseñó en Oxford y París en la Baja Edad Media. En 1285, el fraile lo maldijo en su Tratado de penitencia, que no fue dado a imprenta, sino a scriptorium.

Una roussoniana recomienda en Twitter que ante el atentado islamista de Barcelona leamos Las cruzadas vistas por los árabes. Y un cruzado le responde que a ver si puede parar la furgoneta de un terrorista tirándole el libro de Amin Maalouf.

A ella la califico de «roussoniana» porque me atrevo a decir que padece ese neocolonialismo empático que conduce a la apología urbanita del buen salvaje. Aunque sea un salvaje barbudo y circundidado cargado con una mochila-bomba. A él lo tildo de «cruzado» porque quizá piense, aunque no lo tuitee, que «el único salvaje bueno es el salvaje muerto». Y califico el atentado de «islamista» porque Islam significa «sumisión» y la Yihad es su látigo.

¡Ni un solo tuit, ni un retuit, en setenta y dos horas! Daba asco Clic para tuitear